domingo, 23 de dezembro de 2012

Morad en Cristo

Morad en Mí


Robert de Langeac
La vida oculta en Dios



Morad en Mí por el recuerdo y por la mirada de vuestra alma. Vivid en Mí. Alimentaos de Mí. Procurad conocerme, no sólo desde fuera, sino desde dentro.

Leed hasta el fondo de mi Corazón. No os canséis de esta tarea. Que ella sea vuestro único negocio, la ocupación total de vuestra vida. Persistid en ella como fuente de toda luz, de toda energía, de toda alegría. Uníos fuertemente a Mí por el amor.

Seréis así firmes y fuertes con mi firmeza y con mi fuerza. Nada podrá turbaros o agitaros, sino superficialmente y, sobre todo, nada podrá separarnos, salvo el pecado. Y cuando éste os amenace, apretaos más cerca de Mí con un amor más generoso y más ardiente. Y lejos de perjudicaros, esa prueba no habrá hecho más que fortalecer nuestra unión.

Y Yo en vosotros

-¿Cómo moras Tú en nosotros, Jesús?

-Yo estoy en vosotros como un amigo en casa de su amigo, como un huésped en casa de su huésped. Me he adueñado de vuestro corazón. He arrojado de él todo afecto rival del mío. Es mío; es para Mí por quien no cesa de latir. Soy Yo quien lo mueve. Soy el peso que lo arrastra, la fuerza que lo acciona, la luz que lo dirige y le indico el camino por el que debe avanzar. Lo he transformado espiritualmente en mi propio Corazón. Ama lo que Yo amo. Rechaza lo que Yo rechazo. Quiere lo que Yo quiero. Es como mi propio Corazón, y lo es un poco más y un poco mejor cada día. Estoy, pues, dentro de vosotros en lo más íntimo de vosotros mismos. En un cierto y muy verdadero sentido, aún soy Yo más vosotros que vosotros mismos por ese amor que os ha transformado en Mí. Mi apóstol dirá: «Vivo jam non ego...» Es eso exactamente, o también: «Qui adhaeret Domino, unus spiritus est...», un solo espíritu; por consiguiente, un solo corazón, y, si queréis, para siempre. 
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