terça-feira, 8 de dezembro de 2009

LA INMACULADA CONCEPCIÓN


LA INMACULADA CONCEPCIÓN

El Papa Pío IX, en 1854, definía con estas palabras el dogma de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María:

Por lo cual, después de ofrecer sin interrupción a Dios Padre, por medio de su Hijo, con humildad y penitencia, nuestras privadas oraciones y las públicas de la Iglesia, para que se dignase dirigir y afianzar nuestra mente con la virtud del Espíritu Santo, implorando el auxilio de toda corte celestial, e invocando con gemidos el Espíritu paráclito, e inspirándonoslo él mismo, para honra de la santa e individua Trinidad, para gloria y prez de la Virgen Madre de Dios, para exaltación de la fe católica y aumento de la cristiana religión, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, con la de los santos apóstoles Pedro y Pablo, y con la nuestra:

Declaramos, afirmamos y definimos que ha sido revelada por Dios, y de consiguiente, qué debe ser creída firme y constantemente por todos los fieles, la doctrina que sostiene que la santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original, en el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, salvador del género humano”.

Contemplemos esta Bellísima Doncella, aplastando con su débil pie de niña la garganta del horrible monstruo…

¿Es realidad o símbolo?
¿Es verdadera historia o simplemente figura?
¿Es una persona o una personificación?
¿Es una mujer concreta, considerada en ella misma, o es la atribución a un ser abstracto?

Todo esto es, y pertenece al inefable misterio de la Inmaculada Concepción: realidad y símbolo, verdadera historia y figura, persona y personificación, mujer concreta y atribución…
Es realidad. Es María, hija de Eva, elegida por Dios Padre para servir de Madre a su Unigénito Encarnado.

De esta manera comienza en María la victoria de Cristo sobre el infernal enemigo. Así tienen aplicación exactísima las proféticas palabras del Paraíso terrenal dirigidas allí por Dios Padre a la serpiente tentadora: Ipsa conteret caput tuum.

Según esta idea, es realísima realidad la Mujer a la cual llamamos Inmaculada Concepción.

Mas, sin dejar de serlo, es, bajo otro punto de vista, símbolo muy consolador, como aquella misma realidad.
Descendencia de esta Mujer preservada somos nosotros cuando por medio del Bautismo entroncamos sobrenaturalmente con su Hijo.

La universal familia de los que creen, esperan y obran en Cristo y según Cristo, es la descendencia propia de la Mujer.

Somos nosotros los que por la gracia de Cristo Dios luchamos y vencemos en Ella; por Ella, nuestro pie, débil, es el que definitivamente ha de asentarse pujante y glorioso un día sobre la cerviz del dragón embravecido. Así la raza de Eva, desde que por Cristo pasa a ser raza de María está destinada a ser como Ella perpetuamente vencedora.

Pero ¿vencedora de quién? De la serpiente del paraíso terrenal, no solamente personificada, sino realmente viviente y encarnada en todos los que el odio á Dios y á su Cristo reúne desde entonces, y que constituyen la odiosa descendencia del demonio para sostener el infernal combate.

La sociedad de los regenerados en Cristo y por Cristo es la Iglesia santa. Y las fuerzas que en todos los siglos ha congregado el infierno contra ella se llama hoy la Revolución. Claros aparecen los términos del problema de hoy, que no es más que el problema del Paraíso Terrenal y el de todos los siglos hasta la consumación y juicio, que será su solución definitiva.

María, y su descendencia, a un lado con la bandera de toda verdad y de todo bien. Luzbel, con los que se han querido hacer raza y ejército suyo, al otro lado con la bandera de todo error y de todo mal.

La tierra estremeciéndose al choque de estos ejércitos opuestos, que en vano hay quienes sueñan aún hoy día poder reconciliar y fundir en una común fórmula.
¿No se comprende así perfectamente porqué el pueblo cristiano le muestra al augusto misterio de la Inmaculada no sabemos qué suerte de instintivo cariño?

Es que ve en él un retrato de su lucha, al mismo tiempo que una prenda y seguridad de su victoria.

Luchar siempre con enemigos de Cristo y siempre vencerlos. No desconfiemos jamás de esta nuestra misión.

Celebremos, pues, la fiesta de hoy como la genuina fiesta de la Iglesia Militante.

El monstruo infernal se encuentra otra vez detenido en su fiera embestida por el pie de esa Niña celestial en la cual ha querido Dios viésemos los católicos de hoy nuestra bandera y nuestra victoria.

Los destinos del mundo están hoy pendientes de este duelo terrible entre la doctrina personificada en la Revolución, y la doctrina personificada y como compendiada en el dogma de la Inmaculada Concepción de María.

Asistimos a una de las fases más espantosas de la grandiosa lucha entablada desde el principio del mundo entre el error y la verdad, entre el mal v el bien entre el infierno y Dios.

En esta batalla, tal vez la postrera que presencien los siglos antes de que resplandezca de lleno sobre ellos la plenitud del Reinado de Jesucristo:

* el infierno ha escrito en su estandarte la palabra REVOLUCIÓN.
* el dedo de Dios ha escrito en el nuestro la palabra MARÍA INMACULADA.

Uno y otro lema son a la vez grito de guerra y símbolo de opuestas doctrinas.

¡Adelante los hijos de la Inmaculada!

¡No en vano la Providencia divina ha hecho resplandecer este dogma con más vivos fulgores en esta época de vacilaciones y de tan general descreimiento!

A la sombra de este lema glorioso ha querido Dios que combatiésemos los católicos de hoy.

¡Combatamos con fe!, ¡sobre todo con esperanza!

Lo que en los tiempos modernos se conoce con el nombre de Revolución europea, no es, hemos dicho, sino un episodio de la gran lucha que desde la cuna del mundo sostienen el mal contra el bien, la mentira contra la verdad, el infierno contra Dios. Lucha que empezó en los cielos con la rebelión de Lucifer y de sus Angeles, continuó en el paraíso terrestre con la seducción lastimosa del primer hombre, y acabará al fin de los siglos con la aparición del Anticristo.

Cada época la ha presenciado con distinto nombre. El misterio augusto de la Inmaculada Concepción de María es como un compendio de todo esto.

Dios ha querido presentarnos su Madre, como la primera vencedora de nuestro común enemigo, para movernos y alentarnos á las mismas victorias.

¡Confiemos!

La lucha colosal que sostiene el infierno contra nosotros, no es propiamente contra nosotros, sino contra Dios. Pertenece a Dios vencer por nosotros, o que venzamos nosotros con la ayuda de su brazo. Quien así no lo crea no es católico.

Quien en el misterio de la Inmaculada Concepción de María no ve un misterio de consuelo, de esperanza y de infalible seguridad, no tiene fe.

Quien renuncia al combate, es un cobarde.
Los católicos tienen la necesidad inevitable de la lucha y la seguridad infalible de la victoria.

 

La causa es de Dios…

Y a Dios se lo puede combatir, pero no se lo puede vencer…

¡Oh María, sin pecado concebida!
¡Rogad por nosotros que recurrimos a Vos!
¡Ave María purísima!
¡Sin pecado concebida!
¡Ave María purísima!
¡En gracia concebida!

Nota: Sobre este tema, véase la Bula “Ineffabilis Deus
Tomado de Signum Magnum

(Retirado do blog: Radio Cristiandad)
PS: Grifos meus

Conselhos para os noivos!



A religião católica cuida de um modo especial e com tato particular do noivado. Não é um tempo de embriaguez, de fantasias e quimeras, e sim uma época de estudar a si mesmo, e o futuro companheiro de vida.

A) O noivado é tempo de estudo sério de si mesmo.

Estudo que se deve realizar invocando-se o auxílio particular de Deus. Há com efeito, na vida humana, um momento mais importante, em que haja mais necessidade da direção divina, que o da escolha de um esposo(a)? Não é esta a significação do provérbio russo: "Partes para a guerra? Reza uma vez. Vais andar pelo oceano? Reza duas vezes. Vai casar? Reza três vezes".

É impossível que um jovem sério, no momento de casar-se, não faça um profundo exame de consciência, pois empreende uma grande tarefa. Eu vou fundar um lar. Deverei ocupar-me de uma mulher e de filhos. Contentar-me com alegrias silenciosas e puras. Trabalhar desinteressadamente. Renunciar, muitas vezes, tantas coisas... Eis a primeira parte deste exame de consciência.

A segunda parte oferece pensamentos consoladores e confortantes: serei o chefe responsável de um pequeno e feliz reino. Meu trabalho sustentará minha família. Meu amor edificará uma vida nova, e eu é que hei de assegurar a felicidade deste novo ninho. Será isto difícil, será uma tarefa penosa, um sacrifício perpétuo, mas serei indenizado de tudo isto, ao cêntuplo, quando ouvir estas palavras: "Papai, Papai".

É impossível que também uma jovem séria, no instante de casar-se não faça, igualmente, um bom exame de consciência. Deve refletir: Serei uma boa esposa, boa mãe de família, boa dona de casa? Há, em mim bastante espírito de renúnica e amor ao trabalho, bastante energia e indulgência, bastante profundidade e amor de Deus, para realizar esta tríplice e pesada tarefa de esposa, mãe e dona de casa?

Há em mim, mais vida interior, que vaidade?
É isto difícil, penoso, será um perpétuo sacrifício, mas serei mil vezes indenizada de todas estas renúncias, de todas estas vigílias, de todos estes trabalhos, quando ouvir estas palavras: "Mamãe, Mamãe!".

O noivado é, pos, um tempo de sério estudo de si mesmo.

B) Mas é também o tempo de aprender a estudar o seu futuro esposo (a).

Os casamentos infelizes podem ter multiplas causas, a mais freqüente é a precipitação com que eles foram realizados. Viram-se ontem. Amam-se hoje, e casam-se amanhã. Juram uma "eterna felicidade", mas não sabem a quem. Não sabem qual o temperamento do outro, quais suas idéias, seus hábitos, seus defeitos e seus planos... Pode-se ir para frente na vida com tal leviandade? Tem-se o direito de se casar por um entusiasmo irrefletido sob a impressão embriagadora...?

Um poeta alemão compôs uma encantadora poesia intitulada "A prova do amor". Ensina ele, à jovem, só dar o seu coração ao moço que for capaz de apanhar um lírio, com tal delicadeza que não lhe caia uma gota de orvalho. Que profundo símbolo este belo pensamento! Que aviso! Jovens, não esqueçais de exigir um do outro uma grande e profunda delicadeza de alma.

...Pela atitude recatada da moça séria, adquirirá esta uma confiança e uma estima ainda maior de seu noivo. Atualmente eu não estou unida a ele, definitivamente, não lhe pertenço ainda, e eis por que eu o trato com uma delicada reserva. Ele pode, contudo, confiar em mim, pois, quando eu lhe pertencer, serei unicamente dele e nunca de um outro. Mostrei-lhe que sei ser forte...

Ah! de (muitos) lábios caem facilmente queixas contra o rigor da santa Igreja, porque ela não permite "viver a própria vida" e "divertir-se" fora do casamento; vós, a cujos ouvidos retumbam as sedutoras palavras de "casamentos de amigos" ou "casamentos de week-end", olhai para a bela flor, que se abre aos raios do sol primaveril. Sobre ela pousa uma borboleta...suga-lhe o mel...este, porém, rapidamente se acaba...a borboleta voa para uma outra flor, pois há milhares delas...

Mas a pequena flor abandonada lá ficou, corola emurchecida, fanando-se na solidão e no abandono...Assim também, para a flor humana que, igualmente jovem e bela, quiser, porém, gozar de sua juventude contra a lei de Deus...

Moços e moças, olhai essa dolorosa imagem, antes, de abrides os vosso lábios numa queixa contra o sexto preceito da lei divina, ou antes que tenhais calcado aos pés, a proibição divina...Não terminarei, porém, com esta nota triste, e sim com a benção que o salmista lança sobre a família do homem temente a Deus:

"Felizes todos aqueles que amam o Senhor, e que andam em seus caminhos. Alimentar-te-ás com o trabalho de tuas mãos, e serás feliz, e coberto de bens. Tua esposa será no meio da casa como a vinda fecunda; teus filhos serão ao redor de tua mesa, como novas plantas de oliveiras. Assim será abençoado, o homem que teme o Senhor. Que o Senhor te bendiga de Sião...e possas ver os filhos de teus filhos" (Sl 127) Amém.

(Casamento e família - Dom Tihamer Toth)
PS: Grifos meus.

segunda-feira, 7 de dezembro de 2009

Imaculada Conceição da SS. Virgem

Imaculada Conceição da SS. Virgem




"Tota pulchra es! Toda formosa, ó Maria, e em Vós não há mácula original" (Vésp.)

Esta exclamação que a Santa Igreja nos coloca nos lábios é bem o grito espontâneo da humanidade inteira, que traz consigo, gravadas  na sua carne, as conseqüências funestas do pecado, diante da pureza sem mácula da Virgem Maria. Deus determinara desde a eternidade fazer de Maria a Mãe do Verbo Incarnado (Ep.) e adornou-A para isso com galas de santidade (Introd.) e fez assim da sua alma, que ilibrou do pecado, digna morada de Seu Filho (Or.)

Esta redenção total que assim preservou a Virgem, desde a conceição, da mancha e conseqüências do pecado de Adão, não deve separar-se da nossa própria redenção. A Festa da Imaculada anuncia, no coração do Advento, os esplendores da incarnação redentora. A festa que hoje celebramos e que foi instituída por Pio XI a seguir à declaração do dogma (ver: Bula "Ineffabilis Deus"), conheceu vários precedentes. Já no século VIII se celebrava no Oriente a festa da Imaculada, que vamos encontrar no IX na Irlanda e no XI na Inglaterra.

Estas festas são o testemunho do culto tradicional da pureza, sem mácula, da Senhora, e a definição pontíficia nada mais fez que precisar e afirmar a fé constante da Igreja.

(Missal Quotidiano e Vesperal - Dom Gaspar Lefebvre)
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Excertos de Glórias de Maria - Santo Afonso Maria de Ligório
(Tratado I - As festas de Nossa Senhora)

Nenhum outro filho pode escolher sua Mãe. Mas se a algum deles fosse dada tal escolha, qual seria aquele que, podendo ter por Mãe uma rainha, a quisesse escrava? Ou, podendo tê-la nobre, a quisesse vil? Ou podendo tê-la amiga, a quisesse inimiga de Deus? Ora, o Filho de Deus, e Ele tão somente, pode escolher-se mãe a seu agrado. Por conseguinte, deve-se ter por certo que a escolheu tal qual convinha a um Deus. Mas a um Deus puríssimo convinha uma Mãe isenta de toda culpa.

Fê-la, por isso, imaculada, escreve S.Bernardino de Sena. E aqui quadra uma passagem de S.Paulo: Pois convinha que houvesse para nós um pontífice tal, santo, inocente, impoluto, segregado dos pecadores. (Hb 7,26)

Um douto autor faz observar que, segundo o Apóstolo, foi conveniente que nosso Redentor fosse separado tanto do pecado como até dos pecadores. Também S.Tomás o afirma com as palavras: Aquele que veio para tirar o pecado, devia ser segregado dos pecadores, quanto à culpa que pesava sobre Adão. Mas como poderia Jesus Cristo dizer-se separado dos pecadores, se pecadora lhe fosse a Mãe?

Diz S.Ambrósio: Cristo procurou-se, não aqui na terra, mas no céu, um vaso de eleição no qual baixou ao mundo, e fez do seio da Virgem um templo sagrado. Em seguida, faz o Santo alusão às palavras de S.Paulo: O primeiro homem, formado da terra. é terreno: o segundo, vindo do céu, é celeste (I Cor 15,47). De vaso celeste chama Ambrósio a Divina Mãe. Não que Maria não fosse terrena por natureza, como sonhariam alguns hereges, mas porque ela é celeste pela graça, e excede os anjos do céu em santidade e pureza.



Oração

Ó minha Senhora, minha Imaculada, alegro-me convosco por ver-vos enriquecida de tanta pureza. Agradeço e proponho agradecer sempre a nosso comum Criador por ter-vos Ele preservado de toda mancha de culpa. Disso tenho plena convicção, e para defender este vosso tão grande e singular privilégio da Imaculada Conceição, juro dar até a minha vida. estou pronto a fazê-lo, se preciso for.

Desejaria que o mundo universo vos reconhesse e confessasse como aquela formosa aurora, sempre adornada da divina luz; como aquela arca eleita de salvação, livre do comum naufrágio do pecado; como aquela perfeita e imaculada pomba, qual vos declarou vosso divino esposo; como aquele jardim fechado, que foi as delícias de Deus, como aquela fonte selada, na qual o inimigo jamais pôde entrar para turvá-la; como aquele cândido lírio, finalmente, que, brotando entre os espinhos dos filhos de Adão, enquanto todos nascem manchados da culpa e inimigos de Deus, vós nascestes pura e imaculada, amiga de vosso Criador.

Consenti, pois, que ainda vos louve, como vos louvou vosso próprio Deus: Toda sois formosa e em vós não há mancha. Ó pomba puríssima, toda cândida, toda bela, sempre amiga de Deus!

Dulcíssima, amabilíssima, Imaculada Maria, vós que sois tão bela aos olhos do Senhor, não recuseis olhar com vossos olhos as chagas tão asquerosas de minha alma. Olhai-me, compadecei-vos de mim, e curai-me.

Ó bela imã dos corações, atraí para vós também este meu miserável coração. Tende piedade de mim, que não só nasci em pecado, mas ainda depois do batismo manchei minha alma com novas culpas, ó Senhora, que desde o primeiro instante de vossa vida aparecestes bela e pura aos olhos de Deus. Que graça vos poderá negar o Deus que vos escolheu para sua Filha, sua Mãe e sua Esposa, e por essa razão vos preservou de toda mancha?

Virgem Imaculada, a vós compete salvar-me, dir-vos-ei com S.Filipe Néri. Fazei que me lembre de vós; e não vos esqueçais de mim. Parece tardar mil anos o momento de ir contemplar vossa beleza no Paraíso, para melhor louvar-vos e amar-vos, minha Mãe, minha Rainha, minha Amada, belíssima, dulcíssima, puríssima, imaculada Maria. Amém

O Calvário e a Missa - 3ª Parte : Sanctus


Sanctus

Mulher, eis aqui o teu filho...Eis aqui a tua mãe.
(João 19,26-27)

Cinco dias antes, Jesus fizera a Sua entrada triunfal em Jerusalém. Aos Seus ouvidos soavam gritos de triunfo; o chão que os Seus pés pisaram foi juncado de folhas de palmeira, e nos ares ecoaram aclamações ao filho de David, e louvores ao Sagrado Filho de Israel. Àqueles que se mantiveram silenciosos durante as demonstrações feitas em Sua honra, Nosso Senhor lembrou que se as suas vozes não se faziam ouvir, as próprias pedras falariam por eles. Esse foi o dia de nascimento das catedrais góticas.

Eles não conheciam a verdadeira razão pela qual Lhe chamavam Sagrado, nem tampouco compreendiam o motivo que levava Jesus a aceitar o tributo dos seus louvores. Eles pensavam que aclamavam uma espécie de rei da terra. Jesus aceitou essas demonstrações porque ia ser o Rei de um império espiritual. Ele aceitou os seus tributos, as suas aclamações e exclamações de louvor porque caminhava, como uma vítima, ao encontro da Sua Cruz.

Toda a vítima deve ser sagrada – Sanctus, Sanctus, Sanctus.

Cinco dias depois, verificou-se o “Sanctus” da Missa do Calvário; mas naquele “Sanctus” da Sua Missa, Jesus dirigiu-Se àqueles que já eram santos – a Sua querida Mãe e ao Seu bem-amado discípulo João.
Palavras tocantes foram essas: “Mulher eis aqui o teu filho... Eis aqui a tua Mãe!”.

Falando agora aqueles que já eram santos, Jesus não carecia da divina intercessão, pois Ele era o Filho de Deus. Nós, todavia, precisamos de santidade, pois cada vítima da Missa deve ser santificada, impoluta.

Como podemos, porém, ser os santos participantes do Sacrifício da Missa?

Segundo a própria resposta de Jesus, consegui-lo-emos colocando-nos sob a proteção da Sua Mãe Santíssima. Ele dirige-Se à Igreja e a todos os seus membros, representados na pessoa de João, e diz a cada um de nós: “Eis a tua mãe”.

Por que foi, porém, que Jesus se dirigiu a Maria, chamando-lhe Mulher, em vez de Mãe? É que ela era agora a Mãe de todos os cristãos, e a Sua missão era universal – Mãe do Corpo Místico da Igreja, Mãe de todos nós.

Há um tremendo mistério oculto naquela palavra “Mulher”. Essa foi, realmente, a última lição de renúncia que Jesus deu a Maria, e a primeira lição de um novo laço. Nosso Senhor alienara gradualmente a Sua afeição por Sua Mãe, não porque a amasse menos, mas sim e apenas porque ela tinha agora mais a quem amar.

Maria desprendia-se da maternidade da carne, para se prender mais à grande maternidade do espírito. Daí, o emprego da palavra "Mulher". Ela havia de fazer de nós outros tantos Cristos, porque fora ela quem criara o Filho de Deus. Só Maria podia transformar-nos em criaturas santificadas, dignas de pronunciar o Sanctus, Sanctus, Sanctus da Missa do Calvário.

...Maria teve o seu primogênito em Belém. Note-se que São Lucas chama a Nosso Senhor primogênito, não porque Maria tivesse outros filhos, segundo a carne, pois a sua segunda maternidade seria de caráter espiritual. No momento em que Nosso Senhor lhe disse "Mulher", Ela tornou-se, de certa maneira, esposa de Cristo e concebeu em dor o seu primeiro filho espiritual, cujo nome foi João.

...A nossa vantagem foi, porém, maior, pois, ao passo que Maria não adquiria mais do que filhos insubmissos e tantas vezes rebeldes, nós obtínhamos a mais adorável das mães que existem no mundo - A Mãe de Jesus.

Nós somos filhos de Maria. - literalmente, filhos. Ela é nossa mãe, não por título de ficção, nem de cortesia; ela é nossa mãe porque sofreu naquele momento memorável, e por todos nós, as dores da maternidade. E porque é que Deus quis que ela fosse nossa mãe? Porque Ele sabia que, sem a sua proteção e auxílio, jamais seríamos santificados. Jesus veio até nós por intermédio da pureza de Maria, e só através da pureza de Maria conseguiremos chegar até junto d'Ele.

...Note-se que quando tal palavra foi dirigida a Maria, estava prostrada junto à Cruz, uma outra mulher. Já repararam que, praticamente, todas as imagens tradicionais da Crucifixão representam sempre Madalena ajoelhada aos pés da Cruz?

Nunca vimos, no entanto, uma imagem de Maria prostrada. João estava presente e refere no seu Evangelho que ela estava de pé. E porque? Porque era a posição que lhe competia no papel que ali desempenhava, em relação a nós. Maria, a nossa Mãe.

Se Maria estivesse prostrada por terra, naquela hora, tal como Madalena, se ela tivesse sequer chorado, a sua mágoa teria tido um lenitivo. As dores que não desafam, esmagam o coração. Essa dor foi parte do nosso preço de compra, pago pela nossa co-Redentora, Maria, a Mãe de Deus!

Nosso Senhor deixou-a ficar sobre a terra quando Ele subiu aos céus, para que ela fosse a mãe da Igreja, a nossa mãe. A Igreja, infante ainda, carecia do amparo materno, tal como Jesus quando era menino. E foi assim que Maria permaneceu sobre a terra, até que os seus filhos, a sua família se criassem e desenvolvessem. E foi essa a razão porque a encontramos orando com os Apóstolos, enquanto aguardavam a vinda do Espírito Santo.

Mais tarde, foi para o céu, coroada de Rainha dos Anjos e dos Santos, para assistir a outra boda de Caná e interceder por nós, junto ao Salvador, pois nós éramos seus filhos, irmãos de Cristo, e filhos do Pai Celestial.

...A nenhum outro santo podemos falar como uma criancinha fala a sua mãe, pois nenhuma outra virgem, ou mãe, ou mártir, ou confessor jamais sofreu tanto por nós como ela sofreu. Ninguém jamais firmou tão solidamente os nossos direitos à proteção e ao amor.

Maria é a medianeira de todas as graças que Jesus pode dispensar-nos, pois foi por intermédio de Maria que Jesus veio até nós. Desejamos ser santificados, mas sabemos que tal só é possível por meio de Maria, pois ela foi a dádiva que Jesus nos ofereceu no Sanctus da Sua Cruz.

Não há mulher que possa esquecer o filho das suas entranhas. Maria não pode, pois, certamente, esquecer-nos. É precisamente isso que nós sentimos no íntimo dos nossos corações. Em todas as circunstâncias da nossa vida, nossa Mãe Santíssima vela por nós, pos ela vê em cada um dos seus filhos a criança inocente da Primeira Comunhão, o pecador penitente, encaminhando-se para a Cruz, o coração despedaçado, suplicando que a água da vida dissipada se transforme no vinho do amor de Deus.

Em todas essas circunstâncias ressoam aos ouvidos de Maria as palavras pronunciadas do alto da Cruz, sobre o Calvário:

"Mulher , eis o teu filho!"

(Excertos de O Calvário e a Missa - Arcebispo Fulton J.Sheen)
PS: Grifos meus

Ver também:

LA REINA CELESTIAL (Pio XII)


Alocución
LA REINA CELESTIAL
(10 de Mayo de 1939 - Pio XII)

Saludamos cordialmente a los recién casados, que siempre vemos en gran número formando una corona en torno a Nos en estas audiencias públicas: el saludo es tanto más cordial cuanto que lo alegra la grata circunstancia de este mes de mayo que la piedad del pueblo cristiano ha querido consagrar particularmente al culto de la Virgen Santísima.

Vosotros, amados hijos, llamados a constituir nuevas familias, queréis sin duda dar a éstas un carácter esencialmente cristiano y una sólida base de bienestar y de felicidad. Pues os garantizamos la consecución de todo esto en la devoción a María.

Tantos títulos tiene María para ser considerada como lo patrona de las familias cristianas y tantos tienen éstas para esperar de ella una particular asistencia.

María conoció las alegrías y las penas de la familia, los sucesos alegres y los tristes: la fatiga del trabajo diario, las incomodidades y las tristezas de la pobreza, el dolor de las separaciones. Pero también todos los goces inefables de la convivencia doméstica, que alegraban el más puro amor de un esposo castísimo y la sonrisa y las ternezas de un hijo que era al propio tiempo el Hijo de Dios.

María Santísima participará por eso con su corazón misericordioso en las necesidades de vuestras familias, y traerá a. éstas el consuelo de que se sientan necesitadas en medio de los inevitables dolores de la vida presente: así como bajo su mirada materna les hará más puras y serenas las dulzuras del hogar doméstico.

Todo más cuanto que la Santísima Virgen no se limita a conocer por experiencia propia las graves necesidades de las familias, sino que, como Madre de piedad y misericordia, quiere de hecho venir en ayuda de ellas.

Felices y benditos de veras aquellos esposos que inician su nuevo estado con estos propósitos de filial y confiada devoción a la Madre de Dios, con el santo programa de establecer su nueva familia sobre este indestructible cimiento de piedad, que lo penetrará todo para trasmitirse luego, como preciosa herencia, a los hijos queridos que Dios les quiera conceder.

Pero no olvidéis, amadísimos hijos, que la devoción a la Virgen, para que pueda decirse verdadera y sólida y por lo tanto portadora de preciosos frutos y gracias copiosas, debe estar vivificada por la imitación de la vida misma de Aquella a la que os gusta honrar.

La Madre divina es también y sobre todo un perfectísimo modelo de virtudes domésticas, de aquellas virtudes que deben embellecer el estado de los cónyuges cristianos.

En María tenéis el amor más puro y fiel hacia el castísimo esposo, amor hecho de sacrificios y delicadas atenciones:
En Ella la entrega completa y continua a los cuidados de la familia y de la casa, de su esposo y sobre todo del querido Jesús.

En Ella la humildad que se manifestaba en la amorosa sumisión a San José, en la paciente resignación a las disposiciones ¡cuántas veces arduas y penosas! de la Divina Providencia, en la amabilidad y en la caridad con cuantos vivían cerca de la casita de Nazaret.

¡Esposos cristianos! Que vuestra devoción a María pueda constituir un manantial siempre vivo de favores celestes y de felicidad verdadera: favores y felicidad de los que queremos que sea prenda la paterna Bendición, que de corazón os impartimos.

(Retirado do blog: Signum Magnum)
PS: Grifos meus.

A grande devoção! (Mãe)


MÃE

Para esclarecer o sentido desta palavra, tanto devo ouvir as razões da inteligência como as razões do coração. Participar do poder divino de transmitir a vida é uma magnífica vocação! Como diz Lovich Ilona, ser mãe quer dizer receber um filho das mãos de Deus; quer dizer entregar a vida inteira, aniquilar-se até à fraqueza e à humildade. Ser mãe, quer dizer consolar e ajudar, e a sua missão na terra consiste em mitigar a dor e ajudar a suportá-la.

A vocação de mãe é vocação para servir e para amar, e para servir cada vez mais. A mulher, na juventude prepara a sua alma para esse sagrado serviço e chega verdadeiramente a servir quando, como a escrava do Senhor, traz a vida no seu coração; fá-lo brotar no mundo e, desde então, cuida dela e acompanha-a até ao último instante. Ela comunica vida e abnegação, amor e saúde. Ela aperta-te contra o seu coração, fita-te, ensina-te a falar, amar e sorrir.

No inverno, as tuas mãos frias aquecem-se entre as suas, alimenta-te de si própria quando és pequeno, dá-te o pão quando crescido e está sempre a dar-te o pão quando crescido e está sempre a dar-te a vida. Quando dizes “ó mãe” e ela responde “meu filho”, o próprio Deus se alegra no seu coração.

Há sacrifício que só quem é mãe pode suportar. Só ela conhece, em toda a sua profundidade, a total alegria da esperança e o amargo pão do sofrimento; é por isso que o seu nome nos fala de perseverança maravilhosa, de bondade magnânima, de amor inexprimível e de sacrifício que se não podem contar...

Que coisa maravilhosa é a mãe!
Outros poderão amar-te, mas só a mãe te conhece.
Ela trabalha por ti, cuida de ti, ama-te.
Perdoa-te tudo porque te compreende
E só comete uma injustiça: morrer e abandonar-te
(Baronesa de Hutten: Mãe)

(Cardeal Mindszenty – A Mãe)
PS: Grifos meus

sexta-feira, 4 de dezembro de 2009

Contentar a Deus


Contentar a Deus, há de ser sempre tua principal preocupação.

"Teme a Deus e observa os seus ensinamentos nisto está o homem todo" (Ecl. 12,13)

Lembra-te de que Deus é teu soberano Senhor, a quem tudo deves agradecer e de quem depende em qualquer circunstância; reflete que dentre poucos anos deverás comparecer perante Ele, que será teu reto juiz, a fim de lhe prestar contas de toda a tua vida, e que da sua sentença dependerá a tua eternidade.

Pondera, ainda mais, que os homens são criaturas frágeis, as quais hoje possuem a vida e amanhã desaparecerão no túmulo, e que da grandeza e fausto do homem mais rico, mais honrado e mais célebre, nada mais restará, senão um punhado de terra e pó.

O Padre Clemente Hoffbauer, a um senhor importante, que se ufanava da sua distinta posição, quis um dia fazer-lhe ver o que é o homem. Curvando-se para o chão, tomou um pouco de pó na mão e mostrou-lho com as seguintes palavras: "Vêde, isto é o homem, uma mão cheia de pó!"

...A Deus infinitamente grande e soberano deves temer e, portanto, não ofender; mas o homem fraco e mesquinho, punhado de pó, não o temas. Nunca sejas infiel ao teu dever, por causa de um tímido olhar humano, nem, por seu insípido escárnio, jamais pratiques ato algum pecaminoso.

(Donzela cristã - Pe. Matias de Bermscheid)

QUÉ QUIERO YO?

¿Qué quiero, mi Jesús? —Quiero quererte,
Quiero, cuanto hay en mí, del todo darte,
Sin tener más placer, que el de agradarte,
Sin tener más temor que el de ofenderte.

Quiero olvidarlo todo y conocerte,
Quiero dejarlo todo por buscarte,
Quiero perderlo todo por hallarte,
Quiero ignorarlo todo por saberte.

Quiero, amable Jesús, quiero abismarme
En ese dulce abismo de tu herida,
Y en sus divinas llamas abrasarme.

Quiero, en Aquel que quiero, transformarme;
Morir a mí, para vivir su vida,
Perderme en Tí, Jesús, y no encontrarme.

(Poesia retirada do blog: Signum Magnum)

quinta-feira, 3 de dezembro de 2009

Ladaínha da Humildade (Cardeal Merry del Val)

Ladaínha da Humildade
(Composta pelo Cardeal Merry del Val, então Secretário de Estado do papa São Pio X)



Ó Jesus, manso e humilde de coração, ouvi-me.
Do desejo de ser estimado, livrai-me, ó Jesus.
Do desejo de ser amado, livrai-me, ó Jesus.
Do desejo de ser conhecido, livrai-me, ó Jesus.
Do desejo de ser honrado, livrai-me, ó Jesus.



Do desejo de ser louvado, livrai-me, ó Jesus.
Do desejo de ser preferido, livrai-me, ó Jesus.
Do desejo de ser consultado, livrai-me, ó Jesus.
Do desejo de ser aprovado, livrai-me, ó Jesus.



Do receio de ser humilhado, livrai-me, ó Jesus.
Do receio de ser desprezado, livrai-me, ó Jesus.
Do receio de sofrer repulsas, livrai-me, ó Jesus.
Do receio de ser caluniado, livrai-me, ó Jesus.



Do receio de ser esquecido, livrai-me, ó Jesus.
Do receio de ser ridicularizado, livrai-me, ó Jesus.
Do receio de ser infamado, livrai-me, ó Jesus.
Do receio de ser objeto de suspeita, livrai-me, ó Jesus.



Que os outros sejam amados mais do que eu, Jesus, dai-me a graça de desejá-lo.
Que os outros sejam estimados mais do que eu, Jesus, dai-me a graça de desejá-lo.
Que os outros possam elevar-se na opinião do mundo, e que eu possa ser diminuído, Jesus, dai-me a graça de desejá-lo.



Que os outros possam ser escolhidos e eu posto de lado, Jesus, dai-me a graça de desejá-lo.
Que os outros possam ser louvados e eu desprezado, Jesus, dai-me a graça de desejá-lo.
Que os outros possam ser preferidos a mim em todas as coisas, Jesus, dai-me a graça de desejá-lo.
Que os outros possam ser mais santos do que eu, embora me torne o mais santo quanto me for possível, Jesus, dai-me a graça de desejá-lo.


PS: Santa Bernadette, rogai por nós!

Desejando asas!



É este um desejo real do cantor de Deus nos salmos ... Suspira pelas asas das pombinhas para voar até perto de Deus. Muita moça parece viver suspirando pelas asas para qualquer elevamento do nível em que paira. Mas nem todas sabem o que desejam.

Asas de mariposas - assim chamemos às desejadas por certos grupos de jovens. Nelas há fulgores de sol, matizes de flor; agradam, encantam. Em troca, são asas fragilíssimas, delicadíssimas e nada abrigam...

Asas de andorinhas - demos-lhe tal nome às desejadas por outro grupo de moças. São asas ligeiras, irrequietas, em contínuo movimento, eternas desenhistas de caprichosos arabescos. Bem representam a vida que se move, que vai a toda parte. Na atividade febril de seu vôos desconhecem a paz.

Asas de águia - cujo destino é buscar as nuvens, é pairar nas alturas, como se desprezassem o resto do mundo. Parecem agitá-las aquelas jovens desejosas de glórias, de honras, de aplausos. Mas também essas não servem para a felicidade.

Asas de ...galinha - Delas falou o Salvador, referindo-se ao agasalho que oferece aos pintinhos. Simbolizam esse meio tão singelo e comum em que se vive na família. São asas para a vida quotidiana, para a monotonia dessa vida caseira, com a repetição dos mesmos deveres, dos mesmos sacrifícios pouco avaliados e aplaudidos.

Que farias, leitora, com tuas asas de mariposa, de andorinha, de águia?

Deixarias a órbita desses deveres diários. Procurarias um ambiente mais cheios de emoções, porém mais baldo de paz e sossego. Fica-te com as asas dessa ave doméstica, belo símbolo do devotamento, da tolerância, da calma de quem vive sob um sorriso de Deus.

De tudo que expusemos conclua-se quanto erram as jovens que sempre desejam outras pessoas ao redor de si, outras esferas para a atividade das suas ânsias. Cada planta cresce bem no lugar que os céus lhe destinam...

(Audi Filia! - Pe. Geraldo Pires de Souza)
PS: Grifos meus

A Cidadela das almas


"A casa e o lar são luz na noite escura
quando estamos longe, solitários,
e o amanhecer nos surpreende.
O Criador eterno fez a mulher
e com ela a casa e o lar.
Sem eles o mundo morre de frio."

Desde os tempos mais recuados, a família tem sido um lugar de orações. Cristo vive nela: "Quando dois ou três se reunirem em meu nome, eu estarei no meio deles". E dessas famílias poderão nascer santos e heróis. Para a liturgia, o lar é uma imagem da pátria celeste; para as almas, uma cidadela, uma defesa e uma fonte de energias. Nele se pode repousar e descansar quando, após o trabalho do dia, se regressa a casa, ao refúgio sagrado do lar.

A família é o melhor centro de educação para a vida na sociedade e no Estado. Os filhos aprendem a obediência e o respeito que devem à autoridade. Têm outros irmãos e devem contar com eles e, por vezes, renunciar a determinadas coisas em seu favor.

Por isso, as famílias numerosas são a melhor preparação para adquirir o sentido social e o sentimento da ajuda mútua. Por sua vez, os pais aprendem a tomar, com força e com prudência, as rédeas do governo. A família é um Estado em miniatura.

...É bem sabido que, em todo o mundo, a família atravessa uma profunda crise e, por isso, a pretensão de salvar a humanidade deve ser precendida da salvação da família. Na confusão dos problemas humanos, esse é o único verdadeiramente importante e todas as outras angústias e preocupações desaparecem diante dele.

...É preciso que regresse à família a mais profunda religiosidade e que a Igreja se impregne verdadeiramente nas almas das famílias laicizadas, que hoje existem. O uso das imagens e o contato frequente com a Igreja caíram no olvido, apesar de que ambas as manifestações são uma fonte de energia sobrenatural. O homem religioso sabe lutar contra os ataques do demônio e tornar-se enérgico, carinhoso e fiel.

A mesa e o berço são objetos preciosos da família. No entanto, sobre o berço e sobre a mesa devem estar a cruz do Senhor e a imagem da sua Mãe. Sob a sua proteção salvar-se-á a família.

As imagens não devem ser um simples motivo ornamental que, pouco a pouco, se vá cobrindo de pó e a que nunca mais se conceda importância: devem ser testemunho vivo da oração e da fé da vida diária... a fé não é um fato para os domingos, é o latejar da vida diárias e a respiração da alma.

A benção da casa! Quando se funda uma nova família ou se muda de casa, quer seja na cidade, quer seja uma aldeia, deve convidar-se o padre a abençoar a nova morada, a fim de que nela reine sempre o amor generoso de que é imagem o coração de Cristo. Nenhum homem ou medida pode avaliar o imenso amor de Deus para conosco. Se se constrói um lar para o amor, não deveremos, porventura, abrir as suas portas ao amor infinito do Senhor?

A consagração da família ao coração de Jesus não é uma simples cerimônia piedosa; quem a faz com retidão recebe forças desconhecidas.

(A Mãe - Cardeal Minsdzenty)
PS: Grifos meus

terça-feira, 1 de dezembro de 2009

Maria, modelo de conformidade à vontade divina



Que harmonia entre os gostos e a vida da Santíssima Virgem no templo! Entregue ao culto de Deus, levava, o quanto era então possível, a vida contemplativa! E eis que é chamada a deixar essa vida e tornar-se esposa e mãe; a deixar as ocupações divinas a que se dedicava para cuidar de uma família e dirigir um lar operário.

Ter-lhe-á essa vocação suscitado objeções?

Não, de certo, pois prezava demais a vontade de Deus. Os trabalhos, aparentemente os mais grosseiros, se obedeciam à vontade divina, eram nobres demais a seus olhos, para que formulasse sequer uma objeção.

Os progressos dessa admirável Rainha das Virgens, já tão santa e tão elevada no amor, não se arrefeceram com o casamento. Enquanto se entregava às humildes lidas caseiras, crescia continuamente na santidade, causando admiração aos anjos e deliciando o coração de Deus.

Foi nessa vida simples e modesta, e não no templo de Jerusalém que Maria recebeu o mais alto favor jamais concedido a criatura alguma. Se  milhares de vezes, no céu e na terra, espíritos angélicos e filhos dos homens se proclamam servos submissos do Senhor, prontos a executar-lhe as ordens: ecce ancilla Domini, fiat mihi secundum verbum tuum; nunca, porém, nenhum desses protestos teve a maravilhosa eficácia do protesto de Maria, porque nenhum fora jamais pronunciado com tanto amor.

E isto prova que, perante Deus, o valor do ato está na medida de amor que encerra e nunca criatura alguma agiu com amor tão puro e tão forte como Maria!

(O caminho que leva a Deus - Cônego Augusto Saudreau - 1944)
PS: Grifos meus

O Beijo de Deus


"No limiar da casa está sentada uma mulher
e a casa é pequena e humilde.
Tem uma criança nos braços e fita-a com amor.
Nunca na sua vida teve pérolas ou tesouros,
mas eis o que diz ao apertar o filho
contra o seu coração:
Eu sou feliz, eu sou feliz ..."

Para realizar esta tarefa, para se entregar a esta magnifíca vocação, o Criador deu-lhe tudo quanto era preciso. A sua vocação exige um amor vigilante, fiel e pronto para, dia e noite, fazer os maiores sacrifícios, amor que só pode viver no coração da mãe; exige uma imaginação viva, uma sensibilidade instantânea, um espírito interior, delicado e simples, capaz de se introduzir e identificar amorosamente com o pequeno mundo interior do filho.

A vocação de Deus exige um coração luminoso que saiba partilhar das brincadeiras e das mil necessidades da criança, sentido da pureza e da ordem, bom gosto para o vestuário e para o cuidado do lar. A mãe deve ser alegre para com os filhos, compreender os seus jogos e divertimentos, feliz com as ruidosas algazarras dos pequenos ...

A mãe que tiver estes dons é uma benção do amor de Deus e a maior consolação que nos foi dada neste vale de lágrimas.

Mostra-nos o caminho quando nos desviamos,
levanta-nos quando caímos,
encoraja-nos quando desanimamos,
suaviza as durezas da vida e transforma em rosas os espinhos.

Ainda que o nosso destino seja surdo e nos pareça que a natureza é cruel e insensível até o extremo de não podermos compreender que Deus criasse o mundo do amor, não devemos ficar cheios de azedume e pensar na infelicidade da vida. No meio deste mundo, Deus pôs o amor no coração da mãe e o pão do desterro torna-se suave quando é uma mão carinhosa que o dá.

Avaliamos o valor de uma jóia quando a olhamos à luz, e ajuizamos da atividade de umas mãos que vivem para a alma quando meditamos em silêncio.

Por isso, queremos nos dias que passaram. Queremos embeber a nossa alma nessas belas recordações e saborear a vida da mãe, num trabalho que é fonte de alegria. Admira-nos ver a força de uma débil mulher e essa admiração nasce ao consideramos as possibilidades escondidas na alma materna: aproxima-te dum berço e contempla essa coisa pequena que chora, abeira-te dum leito de morte e observa o escondido enigma do coração humano, investiga o mistério da vida: encontrarás sempre as mesmas pegadas, o coração da mãe!

(A Mãe - Cardeal Minsdzenty)