quarta-feira, 4 de abril de 2012

Si no es el Reino die Dios el que viene a nosotros... (Jeremías II, 13, 17-19)


Esta vida carecería de objetivo y no valdría la pena si todo se limitase a este mundo. La vida no tendría sentido si no existiese el Reino de Dios. Carece de objetivo si el hombre se cierra a Dios, “fuente de agua viva”, y en su lugar se fabrica “aljibes rotos; que no pueden retener las aguas” (Jeremías, 2, 13). Nos lo enseña la Historia, “maestra de la vida”; no puede subsistir un pueblo así mucho tiempo.

Todas las veces que se desea vivir sin Dios, se verifican en nosotros sus palabras: “Dos maldades ha cometido mi pueblo; me han abandonado a Mí, que soy fuente de agua viva, y se han fabricado aljibes rotos que no pueden retener las aguas...Reconoce y advierte cuán mala y amarga cosa es haber abandonado al Señor, tu Dios” (Jeremías 2, 13,19).

Por desgracia, hay épocas en que la humanidad pretende progresar prescindiendo de Dios. ¡Y se sorprende después por no lograrlo! Se sorprende como le sucedió a la novia del siguiente cuento:

Érase una solterona que tenía la manía tonta de creer cada noche que al día siguiente iba a celebrar sus bodas. Al despertarse por las mañanas se vestía siempre de blanco, se ponía una corona de pétalos de rosa y se decía sonriendo: hoy vendrá a buscarme.

Espera que te espera durante todo el día. Nadie se presentaba.

Por la noche se quitaba su vestido de bodas con profundo dolor, y muy entristecida lo encerraba en el armario.

A la madrugada del día siguiente se despertaba nuevamente en ella la esperanza. Otra vez se ponía el vestido blanco y repetía: seguramente que viene hoy. Y nadie llegaba... Y la pobre se pasaba toda la vida con esta esperanza de la mañana, con esta expectación de todo el día y con este desengaño de la noche; todas las noches se quitaba su vestido blanco, para ponérselo otra vez a la mañana siguiente...

Esta solterona maniática simboliza a la humanidad cuando corre tras sus engañosos ensueños, tras los fuegos fatuos, siempre esperando que al día siguiente se haga realidad su felicidad. Busca y espera la felicidad donde no lo está, y no ve, no quiere ver, a Aquel que ya ha venido: no quiere ver a Cristo, el único que puede darle la felicidad.

Hace dos mil años SAN JUAN BAUTISTA habló así a su pueblo, respecto de Jesucristo: “En medio de vosotros está uno a quien no conocéis” (Juan 1,26). Es decir, en medio de vosotros está Cristo y está el Reino de Dios, que El ha venido a traeros; y no lo reconocéis. No os sorprenda, pues, que no haya felicidad en vuestras vidas.

La incredulidad materialista ha cortado con descaro ese hilo que unía al hombre con Dios; se glorió de “haber librado de Dios al hombre”; mas en el mismo momento le hizo al hombre esclavo de su egoísmo, de la materia y de sus instintos.

Acontece lo anunciado en el capítulo 5º del libro de Daniel.

El rey Baltasar dio un gran banquete al que invitó a mil personas de su reino. Cuando los ánimos estaban ya caldeados, hizo traer los vasos de oro y plata, que se habían robado del templo de Jerusalén, y en estos vasos bebieron el rey y sus convidados. Bebían alegremente, alabando a sus dioses, fabricados de oro y plata, de bronce, madera, piedra... cuando repentinamente se puso pálido el rey, y sus piernas comenzaron a  temblar de puro temor, porque enfrente suyo apareció algo así como la mano de un hombre que iba escribiendo en la pared.

El rey dejó escapar un grito y enseguida convocó a los sabios de la corte, para que interpretasen las palabras escritas; mas ningún sabio supo dar una respuesta satisfactoria.

Entonces el rey hizo que trajesen a Daniel, que estaba en prisión, y le prometió un vestido de púrpura y un collar de oro y ser la tercera dignidad del reino si le sabía interpretar lo que estaba escrito en la pared.

“Quédate con tus dones —contestó Daniel—, mas la escritura, yo te la descifraré” (Daniel 5, 17). Te rebelaste contra Dios, profanaste los vasos de su templo, has adorado ídolos fabricados por las manos del hombre y no adoraste al verdadero Dios.

“He ahí las palabras que escribe Dios: “Mane”, es decir, ha contado Dios los días de tu reinado y le ha fijado término; “Tecel”, has sido pesado en la balanza, y encontrado falto de peso; “Fares”, partido ha sido tu reino, y se ha entregado a los medos y persas.

Esto habló Daniel. Y la Sagrada Escritura, con gran sencillez, añade todavía: “Aquella noche misma fue muerto Baltasar, rey de los Caldeos. Y le sucedió en el reino Darío el Medo (Daniel 5, 30,31).

La historia de Baltasar se sigue repitiendo y se repetirá hasta el fin del mundo. Siempre habrá naciones y pueblos que retan a Dios, que se rebelan contra el Reino de Dios, y no quieren aprender las lecciones de la Historia, a saber: que sólo una cultura puede resistir al tiempo si descansa sobre la fe en el Dios eterno, que está por encima del tiempo.

Viene a ser lo mismo que escribió AMPÉRE, el científico de fama mundial: “Pasa el aspecto de este mundo, y el que se nutre de sus vanidades, también pasará con él. En cambio, la verdad de Dios es eterna, y el que se nutre de esa verdad, tal como ella, permanecerá eternamente.”

Cuando en el mar alborotado un buque corre peligro de naufragar y empieza a sumergirse, los hombres se precipitan sobre las lanchas de salvamento. Pero no pueden llevar consigo bagaje alguno; sólo pueden llevar lo más valioso: la propia vida. Lo demás hay que abandonarlo con el buque.

Si en el mar de la Historia se sumerge nuestro mundo, ¿qué es lo primero que debemos salvar? ¿Qué es lo único que merece la pena? Dios. Porque fuente sin agua, cuerpo sin alma, rebaño sin pastor, flor sin perfume, primavera sin rayo de sol, noche sin estrella... es el hombre sin Dios.

(Venga a nosotros Tu Reino por Monsenhor Tihamér Tóth)

P.S: Grifos meus.

terça-feira, 3 de abril de 2012

Quarta dezena: A excelência do Santo Rosário nas maravilhas que Deus operou em seu favor

Nota do blogue: Acompanhe este Especial AQUI. 



31ª ROSA 

São Domingos tendo ido visitar Santa Branca, rainha de França, que, depois de 12 anos de casada, ainda não tinha filhos, o que a trazia em grandes cuidados, aconselhou-a a rezar o Rosário todos os dias, para obter do Céu essa graça; o que ela fez, dando à luz, no ano de 1213, o seu primogénito a que chamou Filipe. Mas tendo a morte arrebatado-o de seu berço, a devota rainha mais que nunca recorreu à Santíssima Virgem e mandou distribuir grande quantidade de rosários a toda a corte e em muitas cidades do reino, afim de que Deus a cumulasse de uma bênção completa. E assim aconteceu, pois no ano de 1215 veio ao mundo São Luís, glória da França e modelo dos reis cristãos. 

Afonso VIII, rei de Aragão e Castela, foi, por causa dos seus pecados, castigado por Deus de muitas maneiras e viu-se obrigado a refugiar-se na cidade de um dos seus aliados. São Domingos, encontrando-se nessa mesma cidade no dia de Natal, pregou como era seu costume sobre o Rosário e as graças que se obtêm de Deus através dessa devoção e disse, entre outras coisas, que aqueles que o rezassem devotamente obteriam a vitória sobre os seus inimigos e reconquistariam tudo que tivessem perdido. 

O rei ouviu atentamente estas palavras e mandou chamar São Domingos perguntando-lhe se o que ele tinha dito sobre o Santo Rosário era verdade. O santo respondeu que não havia do que duvidar e prometeu-lhe que se ele quisesse praticar essa devoção e juntar-se à confraria, veria então seus efeitos. O rei resolveu-se a rezar todos os dias o Rosário, e assim o fez durante um ano. No Natal seguinte, tendo rezado o seu Rosário, a Santíssima Virgem apareceu-lhe e disse-lhe: “Afonso, há um ano que me serves devotamente com meu Rosário, venho recompensar-te. Sabe que obtive de meu Filho o perdão de todos os teus pecados. Eis um rosário que te dou; trá-lo contigo, e jamais inimigo algum te poderá ferir.” Ela desapareceu e deixou o rei muito consolado. Ele voltou a casa, trazendo o rosário na mão e, abordando a rainha, contou-lhe cheio de felicidade o favor que acabara de receber da Santíssima Virgem, e com o rosário tocou-lhe nos olhos e ela recobrou a visão que tinha perdido muitos anos antes. 

Algum tempo depois, o rei, tendo reunido algumas tropas, com a ajuda de seus aliados, atacou ousadamente os seus inimigos, obrigou-os a devolver as suas terras, a reparar os danos, derrotou-os completamente e foi tão afortunado na guerra que de todos os lados surgiram soldados para combater a seu lado, pois as vitórias pareciam seguir por toda a parte as suas batalhas. Isto não é de espantar, pois ele nunca iniciava um combate antes de rezar o Rosário de joelhos; e fez ingressar na confraria do Rosário toda a sua corte e exortava os seus oficiais e criados a serem devotos do Rosário. A rainha ingressou também, e ambos perseveraram ao serviço da Santíssima Virgem e viveram piedosamente. 

32ª ROSA 

São Domingos tinha um primo chamado Dom Pero, que levava uma vida dissoluta. Tendo ouvido que o santo pregava as maravilhas do Rosário e que muitos se convertiam e mudavam de vida dessa maneira, disse: “Tinha perdido a esperança da minha salvação, mas começo a ganhar coragem, é preciso que ouça esse homem de Deus.” E um dia assistiu então a um sermão de São Domingos. Quando o santo o viu, redobrou seu fervor em atacar os vícios, e rezou a Deus do fundo do coração para abrir os olhos de seu primo para que este conhecesse o estado miserável da sua alma. 

Dom Pero ficou logo um pouco assustado, mas não se resolveu a converter-se; voltou uma outra vez a um sermão do santo e este, vendo que esse coração endurecido não se converteria sem nenhum acontecimento extraordinário, gritou bem alto: “Senhor Jesus, faz ver a toda esta audiência o estado em que se encontra aquele que acaba de entrar em vossa casa.” 

Então todo o povo viu Dom Pero rodeado de uma multidão de demônios em forma de bestas horríveis que o tinham agrilhoado com correntes de ferro. Cada um fugiu assustado para seu lado, e ele ficou ainda mais assustado por se ver objeto do horror de todos. São Domingos mandou-os deterem-se e disse a Dom Pero: “Vede, desgraçado, o estado deplorável em que vos encontrais; arrojai-vos aos pés da Santíssima Virgem.” Deu-lhe um rosário. “Tomai este rosário, recitai-o com devoção e arrependimento de vossos pecados e fazei intenção sincera de mudar de vida.” 

Ele pôs-se de joelhos, rezou o Rosário, e sentiu-se movido a confessar-se, o que fez com grande contrição. O santo ordenou-lhe que rezasse todos os dias o Santo Rosário; ele prometeu-lhe fazê-lo, e inscreveu ele próprio o seu nome na confraria. Seu rosto, que horripilante tinha assustado todos, parecia, ao sair da igreja, brilhar como o de um anjo. E assim perseverou na devoção do Rosário, levou uma vida bem ordenada e morreu ditosamente. 

33ª ROSA 

Pregando São Domingos o Santo Rosário próximo de Carcassone, levaram-lhe um herege albigense possuído pelo demônio. O santo exorcizou-o em presença de uma grande multidão; crê-se que o ouviam mais de doze mil homens. Os demônios, que possuíam esse pobre miserável, foram obrigados a responder, para sua desgraça, às perguntas do Santo, e disseram que eram quinze mil no corpo desse miserável, pois ele tinha atacado os quinze mistérios do Rosário; que, pelo Rosário que pregava, São Domingos causava terror e medo em todo o inferno, e que era o homem do mundo que eles mais odiavam por causa das almas que lhes roubava com a devoção do Rosário; e revelaram ainda muitas outras particularidades. 

São Domingos, tendo colocado o seu rosário ao pescoço do possesso, perguntou-lhes qual de todos os santos do Céu eles mais temiam e qual devia ser mais amado e honrado por todos os homens. 

A esta pergunta eles soltaram gritos tão assustadores que grande parte dos ouvintes, toldados pelo medo, caíram por terra. Em seguida, os espíritos malignos, para não responder, choraram e lamentaram-se de uma maneira tão piedosa, tão tocante, que muitos dos assistentes choraram também, movidos por uma piedade natural. Eles suplicaram através da boca do possesso com voz lamentosa: “Domingos, Domingos, tem piedade de nós; prometemos jamais te tocar ou causar-te qualquer mal. 

Tu que tens piedade dos pecadores e miseráveis, tem piedade de nós, miseráveis. Vê quanto sofremos! Porque te comprazes em aumentar-nos os sofrimentos? Contenta-te com as penas que já suportamos. Misericórdia! Misericórdia! Misericórdia!” 

O santo, sem se deixar tocar pelas palavras ternas desses espíritos desgraçados, respondeu-lhes que não pararia de os atormentar até que tivessem respondido à pergunta. Os demônios disseram-lhe que responderiam, mas em segredo e ao ouvido, e não diante de toda a multidão. O santo insistiu e ordenou-lhes que falassem bem alto, para que todos ouvissem. Mas os demônios não disseram uma só palavra, apesar da ordem que tinham recebido. 

São Domingos então pôs-se de joelhos e fez esta oração à Santíssima Virgem: "O excellentissima Virgo Maria, per virtutem psalterii et rosarii tui, compelle hos humani generis hostes questioni meae satisfacere. – Ó Santíssima Virgem Maria, pela virtude do Santo Rosário, ordena a estes inimigos do gênero humano que respondam à minha questão.” 

Assim que a oração terminou, eis que uma chama ardente saiu das orelhas, das narinas e da boca do possesso, fazendo tremer a todos. Então os demônios exclamaram: “Domingos, rogamos-te, pela paixão de Jesus Cristo e pelos méritos da Sua Santa Mãe e de todos os santos, que nos permitas sair deste corpo sem nada dizer; pois os anjos, quando o quiseres, to revelarão. Não somos nós mentirosos? Porque queres crer em nós? Não nos atormentes, tem piedade de nós.” 

“Desgraçados sois, indignos de verdes vossos desejos satisfeitos”, disse São Domingos, que, ainda de joelhos, fez esta oração à Santíssima Virgem: “O Mater sapientiae dignissima et de cujus salutatione quomodo illa fieri debeat jam edoctus est populus; pro salute populi circumstantis rogo: Coge hosce tuos adversarios, ut plenam et sinceram veritatem palam hic profiteantur." (1) Mal ele tinha acabado a oração viu a Santíssima Virgem junto a ele, rodeada por uma grande multidão de anjos, que, com uma vara de ouro que trazia na mão, golpeava o endemoninhado dizendo-lhe: “Respondei ao meu servidor Domingos, conforme vos perguntou.” É preciso notar que o povo não ouvia nem via a Santíssima Virgem, mas apenas São Domingos. 

Então os demônios começaram a gritar dizendo: “O inimica nostra, o nostra damnatrix, o nostra inimica, o nostra damnatrix, o confusio nostra, quare de coelo descendisti, ut nos hic ita torqueres? Per te quae infernum evacuas et pro peccatoribus tanquam potens advocata exoras; o Via coeli certissima et securissima, cogimur sine mora et intermissione ulla, nobis quamvis invitis, et contra nitentibus, totam rei proferre veritatem. Nunc declarandum nobis est simulque publicandum ipsum medium et modus quo ipsimet confundamur, unde vae et maledictio in aeternum nostris tenebrarum principibus.

Audite igitur vos, christiani. Haec christi Mater potentissima est in preservandis suis servis quominus precipites ruant in baratrum nostrum inferni. Illa est quae dissipat et enervat, ut sol, tenebras omnium machinarum et astutiarum nostrarum, detegit omnes fallacias nostras et ad nihilum redegit omnes nostras tentationes. Coactique fatemur neminem nobiscum damnari qui ejus sancto cultui et pio obsequio devotus perseverat. Unicum ipsius suspirum, ab ipsa et per ipsam sanctissimae Trinitati oblatum, superat et excedit omnium sanctorum preces, atque pium et sanctum eorum votum et desiderium, magisque eum formidamus quam omnes paradisi sanctos; nec contra fideles ejus famulos quidquam praevalere possumus. 

Notum sit etiam vobis plurimos christianos in hora mortis ipsam invocantes contra nostra jura salvari, et nisi Marietta illa obstitisset nostrosque conatus repressisset, a longo jam tempore totam Ecclesiam exterminassemus, nam saepissime universos Ecclesiae status et ordines a fide deficere fecissemus. Imo planius et plenius vi et necessitate compulsi, adhuc vobis dicimus, nullum in exercitio Rosarii sive psalterii ejus perseverantem aeternos inferni subire cruciatus. Ipsa enim devotis servis suis veram impetrat contritionem qua fit ut peccata sua confiteantur, et eorum indulgentiam a Deo consequantur.” 

“Ó nossa inimiga, ó nossa ruína, ó nossa confusão, porque viestes do Céu para nos atormentar de tal maneira? É preciso que, para nossa desgraça, ó advogada dos pecadores que os livras do inferno, ó caminho seguro para o Paraíso, sejamos obrigados a dizer toda a verdade? É preciso que confessemos diante de todo o mundo o que será a causa de nossa confusão e de nossa ruína? Malditos nós, maldito nosso príncipe das trevas. Escutai pois, cristãos. Esta Mãe de Jesus Cristo tem o poder de impedir que seus servidores caíam no inferno; é ela que, como um sol, dissipa as trevas das nossas maquinações e astúcias; é ela que descobre as nossas intrigas, que rompe as nossas redes e torna todas as nossas tentações inúteis e sem efeito. Somos obrigados a confessar que ninguém que persevere em seu serviço será condenado connosco. Um só dos seus suspiros, que ofereça à Santíssima Trindade, suplanta todas as orações, votos e desejos de todos os santos. Nós tememo-la mais que todos os bem-aventurados juntos e nada podemos contra os seus fiéis servidores. 

Mesmo muitos cristãos que a invocam na hora da morte, e que deviam condenar-se, são salvos por sua intercessão. Ah, se esta Marieta (assim lhe chamavam na sua raiva) não se opusesse aos nossos desígnios e aos nossos esforços, há muito que teríamos derrubado e destruído a Igreja e feito cair todas as suas ordens no erro e na infidelidade. E acrescentamos, pela violência com que nos forçam, que ninguém que persevere na oração do Rosário será condenado; pois ela obtém para seus devotos servidores uma verdadeira contrição de seus pecados pela qual eles conseguem o perdão e a indulgência.” 

Então São Domingos fez todo o povo rezar o Rosário, muito lenta e devotamente e, a cada Ave-maria que o santo e o povo rezavam (coisa espantosa), saíam do corpo do desgraçado uma grande multidão de demônios em forma de carvões ardentes. Tendo todos os demônios saído e o herege sido libertado, a Santíssima Virgem deu, ainda que invisivelmente, sua bênção a todo o povo, que ficou cheio de grande alegria, e partiu. Por causa deste milagre um grande número de hereges converteu-se e ingressou na confraria do Santo Rosário. 

34ª ROSA 

Quem poderá contar as vitórias que Simão, conde de Montfort, conseguiu sobre os albigenses sob a proteção da Nossa Senhora do Rosário? São elas tão famosas que o mundo jamais viu outras iguais. Ele derrotou uma vez dez mil hereges com quinhentos homens; uma outra vez, com trinta, venceu a três mil; de seguida com oitocentos cavaleiros e mil homens de infantaria, fez em pedaços a armada do rei de Aragão, composta de cem mil homens, sem perder mais que um cavaleiro e oito soldados dos seus. 

De quantos perigos livrou a Santíssima Virgem a Alain de l’Anvallay, cavaleiro bretão, que combatia pela fé contra os albigenses! Um dia, estando rodeado de seus inimigos por todos os lados, a Santíssima Virgem lançou contra eles cento e cinquenta pedras e o livrou de suas mãos. 

Numa outra ocasião, tendo o seu navio naufragado e estando perto de afundar-se, esta boa Mãe fez aparecer cento e cinquenta colinas por cima das quais chegou à Bretanha. E em memória dos milagres que a Santíssima Virgem fizera em seu favor por causa do Rosário que ele rezava diariamente, fundou em Dinan um convento para abrigar os religiosos da nova ordem de São Domingos e, tendo-se feito religioso, morreu santamente em Orleães. 

Othère, também ele um soldado bretão, de Vancouleurs, pôs com frequência em fuga companhias inteiras de hereges e ladrões, com seu rosário no braço e à guarda da sua espada. Os seus inimigos, após serem vencidos, asseguraram-lhe terem visto resplandecer sua espada e aparecer uma vez um escudo em seu braço, no qual Jesus Cristo, a Santíssima Virgem e os santos estavam retratados, tornando-o invencível e dando-lhe a força para atacar. 

De outra vez, com dez companhias, derrotou vinte mil hereges sem perder um só homem dos seus, o que tocou de tal maneira o general da aramada herege, que este foi ter com Othère, abjurou da sua heresia e declarou que o tinha visto coberto de armas de fogo durante o combate. 

35ª ROSA 

O Bem-aventurado Alain refere que um cardeal chamado Pierre, de Santa Maria do Tibre, instruído por São Domingos, seu amigo íntimo, se afeiçoou de tal maneira à devoção do Santo Rosário que foi seu panegirista e tentava persuadir a todos quanto podia para essa devoção. O cardeal foi enviado como legado à Terra Santa entre os cristãos cruzados que combatiam os sarracenos. E pregou tão bem a eficácia do Rosário à armada cristã que todos abraçando-a para implorar o socorro do Céu num combate, onde não eram mais que três mil, triunfaram sobre cem mil. 

Os demônios, como havemos visto, temem infinitamente o Rosário. São Bernardo diz que a Saudação Angélica os quebranta e que faz tremer todo o inferno. O Bem-aventurado Alain assegura que viu muitas pessoas, que serviam o diabo de corpo e alma, renunciando ao baptismo e a Jesus Cristo, e depois, após abraçarem a devoção do Santo Rosário, serem libertadas da sua tirania. 

36ª ROSA 

No ano de 1578, uma mulher de Anvers entregou-se ao demônio por um contrato assinado com seu sangue. Mas algum tempo depois arrependeu-se, com grande ensejo de reparar o mal que fizera, e procurou um confessor prudente e caridoso, para saber por que meio poderia libertar-se do poder do diabo. 

Ela encontrou um padre sábio e devoto que a aconselhou a procurar o padre Henri, diretor da Confraria do Santo Rosário, do convento de São Domingos, para que este a inscrevesse na confraria e a confessasse. Ela procurou-o mas, em vez do padre, encontrou o diabo, sob a forma de um religioso, que a repreendeu severamente e lhe disse que ela não poderia esperar quaisquer graças de Deus, nem nenhum meio de revogar o que tinha assinado, o que bastante a afligiu. Mas ela não perdeu toda a esperança na misericórdia de Deus, e voltou a procurar o padre encontrando de novo o diabo que a mandou embora como anteriormente. Ela voltou ainda uma terceira vez e encontrou então, por vontade divina, o padre Henri que procurava, o qual a recebeu caridosamente e a exortou a confiar na bondade de Deus e a fazer uma boa confissão; recebeu-a na confraria e ordenou-lhe que rezasse com frequência o Rosário. Um dia, durante a Missa que o padre celebrava por ela, a Santíssima Virgem forçou o diabo a devolver-lhe o contrato que ela tinha assinado; e assim foi ela libertada pela autoridade de Maria e pela devoção do Santo Rosário. 

37ª ROSA 

Um senhor que tinha muitos filhos pôs uma das suas filhas num mosteiro inteiramente desregrado, onde as religiosas não respiravam que vaidade e prazeres. O confessor, homem fervoroso e devoto do Santo Rosário, desejando conduzir esta jovem religiosa a uma prática de vida mais perfeita, ordenou-lhe que rezasse todos os dias o Rosário em honra da Santíssima Virgem, meditando na vida, paixão e glória de Jesus Cristo. A ela muito lhe agradou esta devoção; pouco a pouco começou a desgostar-se com o desregramento das suas irmãs; começou a amar o silêncio e a oração, malgrado o desprezo e as zombarias das outras, que a tomavam como uma beata fanática e falsa. 

Nesse tempo, um santo abade, tendo ido visitar esse mosteiro, teve uma estranha visão, em suas orações; pareceu-lhe ver uma religiosa em sua cela, diante de uma grande senhora de uma beleza admirável, acompanhada por uma armada de anjos, os quais a golpes de flechas inflamadas perseguiam uma multidão de demônios que tentavam entrar. Perseguidos por esses golpes os espíritos malignos fugiam para as celas das outras religiosas, sob a forma de imundos animais, para as incitar ao pecado no qual muitas delas consentiam. 

O abade conheceu, por essa visão, o estado desgraçado desse mosteiro e pensou morrer de tristeza. Chamou a jovem religiosa e exortou-a a perseverar. Refletindo sobre a excelência do Rosário, tomou a resolução de reformar essas religiosas através dessa devoção. Adquiriu bonitos rosários que ofereceu a todas elas, persuadindo-as a rezá-lo todos os dias e prometeu-lhes, caso o fizessem, que não as forçaria jamais a reformarem-se. Elas receberam agradecidas os rosários e prometeram rezá-lo com essa condição. (Coisa admirável!) Pouco a pouco deixaram as suas vaidades, remeteram-se ao silêncio e ao recolhimento, e em menos de um ano, pediram todas a reforma. O Rosário operara mais em seus corações do que o abade com suas exortações e com a sua autoridade. 

38ª ROSA 

Uma condessa de Espanha, tendo sido instruída na devoção do Santo Rosário por São Domingos, rezava-o todos os dias com avanços maravilhosos na virtude. Como ela aspirava à perfeição, pediu um dia a um prelado e famoso pregador algumas práticas de perfeição. O prelado disse-lhe que, primeiramente, tinha de conhecer o estado da sua alma e os seus exercícios de piedade; ela disse-lhe que o principal era o Santo Rosário, o qual ela rezava todos os dias, meditando os mistérios gozosos, dolorosos e gloriosos com grande proveito espiritual de sua alma. O bispo, entusiasmado de ouvir explicar os raros ensinamentos que estão contidos nos mistérios, disse-lhe: “Há vinte anos que sou doutor em teologia, li muitas e excelentes práticas de devoção; mas nada conheci que fosse mais frutuoso nem mais conforme ao cristianismo. Desejo imitar-vos, e pregarei o Rosário.” Assim o fez e com tal aventurado sucesso que, em pouco tempo, viu uma grande mudança de costumes na sua diocese, muitas conversões, restituições e reconciliações; os deboches, o jogo e o luxo cessaram; a paz nas famílias, a devoção e a caridade começaram a florir. Mudança tanto mais admirável quanto este bispo tinha trabalho bastante para reformar a sua diocese com muito poucos frutos. 

Para melhor persuadir à devoção do Rosário, trazia sempre consigo um muito bonito e mostrava-o a seus ouvintes. E dizia: “Sabei, meus irmãos, que o Rosário da Santíssima Virgem é tão excelente que eu, que sou vosso bispo, doutor em teologia, e em ambos os direitos, me glorio de trazer sempre a mais ilustre marca de meu episcopado e doutorado.” 

39ª ROSA 

O Reitor de uma paróquia da Dinamarca contava frequentemente, para maior glória de Deus e com grande alegria de sua alma, que tinha visto na sua paróquia um fruto da devoção do Rosário semelhante ao desse bispo na sua diocese. 

“Eu tinha, dizia ele, pregado todas as matérias mais urgentes e frutuosas, sem qualquer proveito; não via qualquer correção na minha paróquia. Por fim tomei a resolução de pregar o Santo Rosário, expliquei a sua excelência e a sua prática, e asseguro que, após ter dado a conhecer esta devoção aos meus fiéis, vi uma mudança evidente de hábitos em seis meses. 

Esta oração divina tem sem dúvida uma doçura especial para mover os corações e inspirar horror ao pecado e amor pela virtude.” 

A Santíssima Virgem disse um dia ao Bem-aventurado Alain: “Assim como Deus escolheu a Saudação Angélica para a Incarnação de Seu Verbo e a Redenção dos homens, aqueles que desejam reformar os costumes da população e regenerá-los em Jesus Cristo devem honrar-me e saudar-me com a mesma saudação. Eu sou, acrescentou ela, o caminho pelo qual Deus veio aos homens e é preciso que após Jesus Cristo eles obtenham a graça e as virtudes por minha intercessão.” 

Eu, que escrevo este pequeno livro, aprendi por experiência própria a força desta oração para converter os corações mais endurecidos. Encontrei alguns a quem as mais terríveis verdades pregadas em missões não tinham causado qualquer impressão e que, tendo adquirido, por meu conselho, a prática de rezar o Rosário diariamente, se converteram e se entregaram completamente a Deus. 

Vi uma enorme diferença nos costumes das gentes das paróquias onde estive em missões, pois que uns, tendo abandonado a prática do Terço e do Rosário, tinham voltado a cair nos seus pecados; enquanto outros, por a terem conservado, conservavam-se também na graça de Deus e adiantavam todos os dias na virtude. 

40ª ROSA 

O Bem-aventurado Alain de la Roche, o Padre Jean Dumont, o Padre Thomas, as crônicas de São Domingos e de outros autores, que foram com frequência testemunhas oculares, falam de uma grande quantidade de conversões miraculosas de pecadores e pecadoras que depois de vinte, trinta e quarenta anos em extrema desordem, sem que nada os pudesse converter, converteram-se através desta devoção maravilhosa. Mas quanto a estes casos não os relatarei, receando alongar-me em demasia. 

Nem mesmo relatarei das conversões que eu mesmo vi; passo-as todas em silêncio por variadas razões. 

Caro leitor, se praticais e pregais esta devoção, aprendereis por experiência própria mais do que o podereis fazer em qualquer livro, e experimentareis ditosamente, o efeito das promessas que a Santíssima Virgem fez a São Domingos, ao Bem-aventurado Alain de la Roche e àqueles que fizeram florir esta devoção que lhe é tão agradável; devoção que instrui os povos nas virtudes de Seu Filho e nas Suas próprias, que conduz à oração mental, à imitação de Jesus Cristo, à frequência dos sacramentos, à prática segura das virtudes e a toda a sorte de boas obras, e a ganhar maravilhosas indulgências que os povos ignoram pois os pregadores desta devoção não falam delas quase nunca e contentam-se em fazer sermões do Rosário para agradar às modas, os quais frequentemente causam admiração mas que raramente instruem. 

Por fim, contento-me em dizer-vos, com o Bem-aventurado Alain de la Roche, que o Rosário é uma fonte e um depósito de toda a espécie de bens: 

1) P Peccatoribus praestat poenitentiam; 
2) S Sitientibus stillat satietatem; 
3) A Alligatis adducit absolutionem; 
4) L Lugentibus largitur laetitiam; 
5) T Tentatis tradit tranquillitatem; 
6) E Egenis expellit egestatem; 
7) R Religiosis reddit reformationem; 
8) I Ignorantibus inducit intelligentiam; 
9) V Vivis vincit vastitatem; 
10) M Mortuis mittit misericordiam per modum suffragii. (2)

"Volo, disse um dia a Santíssima Virgem ao Bem-aventurado Alain, ut psaltae mei in vita et in morte, et post mortem, habeant benedictionem, gratiae plenitudinem ac libertatem, immunesque sint a caecitate, obduratione, inopia ac servitute." 

“Quero que os devotos de meu Rosário tenham a graça e a bênção de meu Filho durante a sua vida, a sua morte, e após a sua morte, que sejam livres de toda a escravidão e sejam reis, com a coroa sobre a cabeça, o cetro na mão e a glória eterna. Ámen.” 

Notas:

(1) Ó digníssima Mãe da Sabedoria, rogo-vos por este povo aqui presente que está já instruído sobre a maneira de bem rezar a Saudação Angélica. Forçai Vossos inimigos a confessar em público a verdade completa e sincera sobre este ponto. 

(2) Os pecadores obtêm o perdão. As almas sedentas são saciadas. Aqueles que estão presos são libertados. Aqueles que choram encontram alegria. Aqueles que são tentados encontram tranquilidade. Os pobres são socorridos. Os religiosos são reformados. Os ignorantes são instruídos. Os vivos triunfam da decadência. Os mortos alcançam misericórdia através de sufrágios.


segunda-feira, 2 de abril de 2012

São Francisco de Paula, Confessor

Nota do blogue: Texto retirado do blogue Escravas de Maria.

São Francisco de Paula

02/04 Segunda-feira da Semana Santa 
Festa de Primeira Classe 
Paramentos Roxos 

Fundou a Ordem dos Irmãos Mínimos
1416-1507

Tiago era um simples lavrador que extraia do campo o sustento da família. Muito católico, tinha o costume de rezar enquanto trabalhava, fazia seguidos jejuns, penitências e praticava boas obras. 

Sua esposa chamava-se Viena e, como ele, era boa, virtuosa e o acompanhava nos preceitos religiosos. Demoraram a ter um filho, tanto que pediram a são Francisco de Assis pela intercessão da graça de terem uma criança, cuja vida seria entregue a serviço de Deus, se essa fosse sua vontade. 

No dia 27 de março de 1416, nasceu um menino que recebeu o nome de Francisco, em homenagem ao Pobrezinho de Assis. 

Aos onze anos, Francisco foi viver no convento dos franciscanos de Paula, dois anos depois vestiu o hábito, mas teve de retornar para a família, pois estava com uma grave enfermidade nos olhos. Junto com seus pais, pediu para que são Francisco de Assis o ajudasse a ficar curado. Como agradecimento pela graça concedida, a família seguiu em peregrinação para o santuário de Assis, e depois a Roma. Nessa viagem, Francisco recebeu a intuição de tornar-se um eremita. 

Assim, aos treze anos foi dedicar-se à oração contemplativa e à penitência nas montanhas da região. Viveu por cinco anos alimentando-se de ervas silvestres e água, dormindo no chão, tendo como travesseiro uma pedra. Foi encontrado por um caçador, que teve seu ferimento curado ao toque das mãos de Francisco, que o acolheu ao vê-lo ferido. 

Depois disso, começou a receber vários discípulos desejosos de seguir seu exemplo de vida dedicada a Deus. Logo Francisco de Paula, como era chamado, estava à frente de uma grande comunidade religiosa. 

Fundou primeiro, um mosteiro e com isso consolidou uma nova ordem religiosa, a que deu o nome de "Irmãos Mínimos". As Regras foram elaboradas por ele mesmo. Seu lema era: "Quaresma perpétua", o que significava a observância do rigor da penitência, do jejum e da oração contemplativa durante o ano todo, seguida da caridade aos mais necessitados e a todos que recorressem a eles. 

Milhares de homens decidiram abandonar a vida do mundo e foram para o mosteiro de Francisco de Paula, por isso teve de fundar muitos outros. 

A fama de seus dons de cura, prodígios e profecia chegou ao Vaticano, e o papa Paulo II resolveu mandar um comissário pessoalmente averiguar se as informações estavam corretas. 

E elas estavam, constatou-se que Francisco de Paula era portador de todos esses dons. Ele previu a tomada de Constantinopla pelos turcos, muitos anos antes que fosse sequer cogitada, assim como a queda de otranto* e sua reconquista pelos cristãos. 

Diz a tradição que os poderosos da época tinham receio de suas palavras proféticas, por isso, sempre que Francisco solicitava ajuda para suas obras de caridade, era prontamente atendido. Quando não o era, ele dizia que não deviam esquecer que Jesus dissera que depois da morte eles seriam inquiridos sobre o tipo de administração que fizeram aqui na terra, e só essa lembrança era o bastante para receber o que havia pedido para os pobres. Depois, o papa Sixto IV mandou que Francisco de Paula fosse à França, pois o rei, Luís XI, estava muito doente e desejava preparar-se para a morte ao lado do famoso monge. A conversão do rei foi extraordinária. Antes de morrer, restabeleceu a paz com a Inglaterra e com a Espanha e nomeou Francisco de Paula diretor espiritual do seu filho, o futuro Carlos VIII, rei da França. 

Francisco de Paula teve a felicidade de ver a Ordem dos Irmãos Mínimos aprovada pela Santa Sé em 1506. Ele morreu aos noventa e um anos de idade, no dia 2 de abril de 1507, na cidade francesa de Plessis-les-Tours, onde havia fundado outro mosteiro. A fama de sua santidade só fez aumentar, tanto que doze anos depois, em 1519, o papa Leão X autorizou o culto de são Francisco de Paula, cuja festa litúrgica ocorre no dia de sua morte. 
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Epístola 
Isaías 50,5-10 

5.(o Senhor Deus abriu-me o ouvido) e eu não relutei, não me esquivei. 6.Aos que me feriam, apresentei as espáduas, e as faces àqueles que me arrancavam a barba; não desviei o rosto dos ultrajes e dos escarros. 7.Mas o Senhor Deus vem em meu auxílio: eis por que não me senti desonrado; enrijeci meu rosto como uma pedra, convicto de não ser desapontado. 8.Aquele que me fará justiça aí está. Quem ousará atacar-me? Vamos medir-nos! Quem será meu adversário? Que se apresente! 9.O Senhor Deus vem em meu auxílio: quem ousaria condenar-me? Cairão em frangalhos como um manto velho; a traça os roerá. 10.Que aqueles dentre vós que temem o Senhor ouçam a voz de seu Servo! Que aqueles que caminham no escuro, privados de luz, confiem no nome do Senhor e contem com o seu Deus! 11.Mas vós, que ateais um incêndio, que preparais projéteis inflamáveis, ide ao fogo do vosso incêndio, e dos projéteis que fizestes arder! É minha mão que vos imporá esse tratamento: sereis prostrados nos tormentos. 
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Evangelho 
São João 12,1-9 

1.Seis dias antes da Páscoa, foi Jesus a Betânia, onde vivia Lázaro, que ele ressuscitara. 2.Deram ali uma ceia em sua honra. Marta servia e Lázaro era um dos convivas. 3.Tomando Maria uma libra de bálsamo de nardo puro, de grande preço, ungiu os pés de Jesus e enxugou-os com seus cabelos. A casa encheu-se do perfume do bálsamo. 4.Mas Judas Iscariotes, um dos seus discípulos, aquele que o havia de trair, disse: 5.Por que não se vendeu este bálsamo por trezentos denários e não se deu aos pobres? 6.Dizia isso não porque ele se interessasse pelos pobres, mas porque era ladrão e, tendo a bolsa, furtava o que nela lançavam. 7.Jesus disse: Deixai-a; ela guardou este perfume para o dia da minha sepultura. 8.Pois sempre tereis convosco os pobres, mas a mim nem sempre me tereis. 9.Uma grande multidão de judeus veio a saber que Jesus lá estava; e chegou, não somente por causa de Jesus, mas ainda para ver Lázaro, que ele ressuscitara.

sexta-feira, 30 de março de 2012

COLETÂNEA de textos sobre Nossa Senhora das Dores

"Oh! Como, após uma longa meditação sobre a Imaculada Conceição, o amor se escapa de cada poro de nosso coração, ao pensar que esta excelsa Rainha é que se manterá de pé junto à Cruz, com o Coração amargurado e as mãos tingidas de Sangue! Ó Mãe! Nós podemos chorar de alegria junto ao Vosso trono, mas lágrimas vertidas assim não são como aquelas que podemos derramar ao Vos ver sobre o Calvário: não nos aliviam tanto. Quando vemos Vossa doce e triste face, onde se estampa toda a dor maternal, as lágrimas que Vos correm, Vossa calma em meio a males tão grandes, a sombra escura que sobre Vós se abate, chega a parecer então que Vos encontramos após um longo tempo de perdida, e que sois uma Maria diferente daquela maravilha que os céus admiram; e então mais Vós nos pareceis uma Mãe sobre o cimo pouco elevado do Calvário, do que quando Vos vemos sobre as alturas inacessíveis do Céu." (Padre  Frederick William Faber)

- A CRUZ: A MÃE- Coroa das 7 Dores de Nossa Senhora

quarta-feira, 28 de março de 2012

Especiais a concluir

3.ª - Como convertermos a desolação e a secura em boa e proveitosa oração

Nota do blogue: Acompanhe este Especial AQUI.


Não somente deve acabar em nós esta queixa, mas antes devemos procurar tirar proveito das securas e desconsolações, e fazer disto uma boa e frutuosa oração. Para isso nos ajudará em primeiro lugar o que dizíamos ao tratar da oração (1). Quando assim nos sentirmos, digamos: Senhor, enquanto isto é culpa minha, a mim me pesa muito verdadeiramente da culpa que nisto tenho; porém enquanto é vontade Vossa, e juntamente pena e castigo merecido por meus pecados, eu o aceito, Senhor, de muita boa vontade, e não só agora, ou por breve tempo, senão por todos dos dias de minha vida; e ainda que eles hajam de ser muitos, me ofereço a esta cruz, e estou preparado para a levar, e render-Vos por esta mercê muitas graças. 

Esta paciência e humildade, esta resignação e conformidade com a vontade divina neste trabalho, agrada mais a Deus que as queixas e aflições demasiadas por não achar entrada na oração ou por nela estar com tantos pensamentos e distrações. E, senão, dizei-me: Qual vos parece que agradará mais a seus pais, o filho que se contenta com qualquer coisa que lhe dão, ou o que, nunca se contenta com coisa nenhuma, e sempre anda queixoso e descontente, parecendo-lhe pouco tudo quanto lhe dão, e que lhe deviam dar mais ou melhor?

É certo que o primeiro. Pois aqui passa o mesmo entre Deus e nós. O filho sofrido e calado, que se contenta e conforma com a vontade de seu Pai celestial em qualquer coisa que lhe manda, ainda que seja áspera e desabrida, ainda que seja a mesma dureza, esse contenta e agrada a Deus, e muito mais que o outro descontentadiço, que sempre anda com mil queixas e de mau humor, porque não recebe esses favores e consolações que outros têm.

Mais. Dizei-me ainda: Qual procede melhor, ou qual moverá mais a que lhe dêem esmola e a que tenham compaixão e misericórdia dele, o pobre que se queixa porque lhe não respondem logo e porque lhe não dão esmola, ou o pobre que está com perseverança à porta do rico, com paciência e silêncio, sem se mostrar queixoso, antes, tendo chamado e batido à porta, e sabendo que o ouviram, está esperando ao frio e à chuva, sem tornar a bater e sem se saber queixar, sabendo o senhor da casa que está à espera da esmola com toda aquela paciência e humildade? É certo que este último pobre move muito à compaixão, e, o outro impaciente e soberbo está longe de ser atendido, que antes enfada e move a indignação. Pois, o mesmo se dá entre Deus e nós.

E para que se veja mais o valor e fruto desta oração, e quanto agrada a Deus, pergunto agora: Que melhor oração pode ter alguém, ou que melhor fruto pode, tirar dela, que tirar muita ciência nos trabalhos, muita conformidade com a vontade divina e muito amor ao seu Deus e Senhor? Para que vamos nós à oração, senão para alcançarmos isto? Portanto, quando o Senhor vos manda securas e tentações na oração, conformai-vos com a Sua vontade nestes trabalhos e desamparos espirituais, e fareis um dos maiores atos de paciência e amor de Deus que podeis fazer.

Dizem, e com muita razão, que o amor se manifesta mais claramente no sofrimento com que se padecem os trabalhos por amor do objeto amado, e que quanto maiores são os trabalhos, tanto mais se mostra o amor. Ora estes são os maiores trabalhos e as maiores cruzes e mortificações que sentem os homens mais espirituais, porque estes outros trabalhos que tocam à fazenda, à saúde e aos bens temporais, não têm que ver em comparação dos trabalhos espirituais. E assim estar o homem muito conforme com a vontade de Deus nestes tormentos da alma, imitando a Cristo Nosso Redentor naquele desamparo espiritual por toda a vida, se o Senhor for servido dar-lho, e isto só para agradar a Deus: não há dúvida que é um grande ato de paciência e de amor de Deus, e uma muito alta e proveitosa oração e de muita perfeição. Tão excelente é este exercício, que alguns chamam aos que nele perseveram excelentes mártires.

Mais. Pergunto ainda: A que ides à oração, senão a recolher humildade e conhecimento próprio? Quantas vezes lhe tendes suplicado vos dê a conhecer quem sois? Pois sabei que já ouviu a vossa oração, e que vo-lo quer dar a entender desse modo. Alguns há e houve, que pensam que têm alcançado o conhecimento próprio com um grande sentimento de seus pecados, e com derramar muitas lágrimas por eles; porém enganam-se, porque esse sentimento devia-se a Deus, e não a eles. O ser como uma pedra isso sois vós; e se Deus não ferir essa pedra, não sairá nem água nem mel. Neste conhecimento próprio está o fundamento e a fonte de mil bens espirituais, e disso tendes as mãos cheias, quando estais dessa maneira no meio de tantas securas e tribulações; e se tirais isso por fruto da vossa oração estai certo que recolheis fruto mais alto e precioso.

(1) Trat. V, capo XIX, n.º 6.º.

(Exercícios de Perfeição e Virtudes Cristãs pelo V. Padre Afonso Rodrigues da Companhia de Jesus, versão do Castelhano por Fr. Pedro de Santa Clara, 4.ª Edição, primeira Parte, Tomo II.)

terça-feira, 27 de março de 2012

Pensamento da noite de 27/03/2012


"Por que será que tantos cristãos têm tamanha dificuldade em se conformar com as provações da vida? É por que querem discutir em vez de aceitar cegamente a vontade divina; não querem lembrar-se do grande princípio de que, sendo Deus infinitamente sábio e nós essencialmente limitados, não devemos discutir com Ele, e sim adorar a conduta da Providência e deixar-nos levar pelos caminhos que nos traçou. Em tais pessoas a fé será forçosamente fraca e débil."
(Cônego Augusto Saudreau)

segunda-feira, 26 de março de 2012

Terceira dezena: Excelência do Santo Rosário na meditação da vida e da paixão de Nosso Senhor Jesus Cristo

Nota do blogue: Acompanhe este Especial AQUI. 


21ª ROSA 
Os quinzes mistérios do Rosário 

Um mistério é uma coisa sagrada e de difícil compreensão. As obras de Jesus Cristo são todas sagradas e divinas, porque ele é Deus e homem ao mesmo tempo. As da Santíssima Virgem são muito santas, porque Ela é a mais perfeita de todas as puras criaturas. As obras de Jesus Cristo e de Sua Santíssima Mãe chamam-se com razão mistérios, porque estão cheias de grande quantidade de maravilhas, perfeições e instruções profundas e sublimes, que o Espírito Santo dá a conhecer aos humildes e às almas simples que os honram. 

Pode-se ainda chamar às obras de Jesus e de Maria flores admiráveis, cujo odor e beleza são apenas conhecidos daqueles que delas se aproximam, e daqueles que as cheiram e as abrem por meio de uma atenta e séria meditação. 

São Domingos dividiu a vida de Jesus Cristo e da Santíssima Virgem em quinze mistérios, que representam as Suas virtudes e os Seus principais atos como quinze quadros cujos traços nos devem servir de regra e de exemplo na condução da nossa vida. São quinze tochas para guiar nossos passos neste mundo; quinze espelhos ardentes para conhecer Jesus e Maria, para nos conhecermos a nós mesmos e para alumiar o fogo do seu amor em nossos corações; quinze fornalhas para nos consumirem inteiramente com suas celestes chamas. 

A Santíssima Virgem ensinou a São Domingos este excelente método de rezar e ordenou-lhe que o pregasse, afim de despertar a piedade dos cristãos e fazer reviver o amor de Jesus Cristo em seus corações. Ela ensinou-o também ao Bem-aventurado Alain de la Roche. “É uma oração utilíssima, disse-lhe Ela, e um serviço que me é muito agradável, a recitação de cento e cinquenta Saudações Angélicas. E o é ainda mais, e será ainda de maior proveito, se se rezarem as Saudações acompanhadas da meditação da vida, da paixão e da glória de Jesus Cristo, pois essa meditação é a alma destas orações.” Com efeito, o Rosário, sem a meditação dos mistérios sagrados da nossa salvação, será quase como que um corpo sem alma, uma excelente matéria sem sua forma, que é a meditação, e que a distingue das outras devoções. 

A primeira parte do Rosário contem cinco mistérios: o primeiro é a Anunciação do Arcanjo Gabriel à Santíssima Virgem; o segundo, a Visitação da Santíssima Virgem a sua prima Santa Isabel; o terceiro, o Nascimento de Jesus Cristo; o quarto, a Apresentação do Menino Jesus no templo e a purificação da Santíssima Virgem; o quinto, o Encontro de Jesus no templo entre os doutores; os quais se chamam Mistérios Gozosos por causa da alegria que proporcionaram a todo o universo. A Santíssima Virgem e os anjos ficaram cheios de alegria no momento ditoso em que o Filho de Deus se incarnou; Santa Isabel e São João Batista ficaram cheios de alegria pela visita de Jesus e de Maria; o Céu e a terra rejubilaram com o nascimento do Salvador; Simeão foi consolado e regozijado, quando recebeu Jesus em seus braços; os doutores estavam arrebatados de admiração ouvindo as respostas de Jesus; e quem pode exprimir a alegria de Maria e de José encontrando Jesus após três dias de ausência? 

A segunda parte do Rosário é igualmente composta de cinco mistérios que são chamados de Mistérios dolorosos, porque representam Jesus Cristo oprimido pela tristeza, coberto de chagas, carregado de opróbrios, de dores e de tormentos. O primeiro desses mistérios é a oração de Jesus e a Sua Agonia no Horto das Oliveiras; o segundo, a Flagelação; o terceiro, o Coroação de espinhos; o quarto, o Caminho do Calvário carregando a cruz; o quinto, a Crucificação e Morte no Calvário. 

A terceira parte do Rosário contem outros cinco mistérios que se chamam Gloriosos, porque aí se contemplam Jesus e Maria em Seu triunfo e sua glória. O primeiro é a Ressurreição de Jesus; o segundo, Sua Ascensão ao Céu; o terceiro, a Descida do Espírito Santo sobre os apóstolos; o quarto, a Assunção da gloriosa Virgem; o quinto, Sua Coroação. 

Eis as quinzes flores odoríferas do Rosário místico sobre as quais as almas piedosas se detêm como diligentes abelhas, para aí recolherem a substância admirável e produzir o mel de uma devoção sólida. 

22ª ROSA 
A meditação do Rosário nos conforma com Jesus 

A principal preocupação da alma cristã é de tender à perfeição. “Sede, pois, imitadores de Deus, como filhos muito amados”, (1) diz-nos o grande Apóstolo. Esta obrigação está compreendida no decreto eterno da nossa predestinação, como o único meio ordenado para atingir a glória eterna. São Gregório de Nice diz graciosamente que somos pintores. Nossa alma é a tela branca sobre a qual devemos aplicar o pincel, as virtudes são as cores que devem revelar seu brilho, e o original que devemos copiar é Jesus Cristo, a imagem viva que representa perfeitamente o Pai eterno. Assim, como um pintor para fazer um retrato ao natural põe diante dos olhos o original, e a cada golpe de pincel que dá o olha, do mesmo modo o cristão deve ter sempre diante dos olhos a vida e as virtudes de Jesus Cristo, para não dizer, nem pensar, nem fazer nada que não seja de acordo com Ele. 

Foi para ajudar-nos na importante obra da nossa predestinação, que a Santíssima Virgem mandou São Domingos ensinar os fieis a rezar o Rosário, os mistérios sagrados da vida de Jesus Cristo, não somente para que O adorem e glorifiquem, mas principalmente para que regulem sua vida e suas ações de acordo com as Suas virtudes. Ora, como as crianças imitam seus pais vendo-os e conversando com eles, como aprendem a sua linguagem ouvindo-os falar; ou como um aprendiz, vendo trabalhar seu mestre, aprende a sua arte; assim os fieis confrades do Rosário, considerando seriamente e devotamente as virtudes de Jesus Cristo, nos quinze mistérios da Sua vida, tornam-se semelhantes a este divino Mestre, com o auxílio da Sua graça e pela intercessão da Santíssima Virgem. 

Se Moisés ordenou ao povo hebreu, da parte do próprio Deus, que jamais esquecesse os benefícios que tinham recebido, ainda com mais razão o Filho de Deus nos pode mandar gravar no coração e ter sempre diante dos olhos os mistérios da Sua vida, da Sua paixão e da Sua glória, uma vez que também eles são benefícios com que nos favoreceu e pelos quais nos mostrou a excelência do Seu amor para nossa salvação. Diz Ele: “Ó vós todos, que passais pelo caminho: olhai e julgai se existe dor igual à dor que me atormenta, e que suportei por amor a vós.(2) Lembrai-vos da minha aflição e amargura, do absinto e do fel, que tomei por vós na minha paixão.” (3) 

Estas palavras e muitas outras que podemos recordar devem bastar para nos convencer da obrigação que temos de não nos contentarmos em rezar o Rosário vocalmente em honra de Jesus Cristo e da Santíssima Virgem, mas meditando ao mesmo tempo os mistérios sagrados. 

23ª ROSA 
O Rosário, memorial da vida e da morte de Jesus 

Jesus Cristo, o divino Esposo de nossas almas, nosso dulcíssimo amigo, deseja que nos lembremos dos Seus benefícios e que os estimemos acima de todas as coisas. Ele recebe uma glória acidental, assim como a Santíssima Virgem e todos os santos do Paraíso, quando meditamos com devoção e afeição os mistérios sagrados do Rosário, que são os efeitos mais assinaláveis do Seu amor por nós e os mais ricos presentes que Ele nos pode oferecer, pois que através deles gozam da glória a Santíssima Virgem e todos os santos. 

A Bem-aventurada Angèle de Foligno rezava um dia a Nosso Senhor para que lhe dissesse com que exercício ela mais O honraria. Ele apareceu-lhe pregado à cruz e disse-lhe: “Minha filha, contempla as minhas chagas.” Assim ela aprendeu deste amabilíssimo Salvador que nada Lhe é mais agradável que a meditação dos Seus sofrimentos. Depois Ele revelou as feridas da Sua cabeça e muitas circunstâncias dos Seus tormentos e disse-lhe: “Sofri tudo isto para tua salvação, que podes tu fazer que iguale o meu amor por ti? 

O Santo Sacrifício da Missa honra infinitamente a Santíssima Trindade, porque representa a paixão de Jesus Cristo e porque por meio dela oferecemos a Deus os méritos da Sua obediência, do Seus sofrimentos e do Seu sangue. Toda a corte celeste recebe também com a Santa Missa glória acidental, e muitos doutores, incluindo São Tomás, dizem, pela mesma razão, que a mesma corte celeste se alegra com a comunhão dos fiéis, porque o Santo Sacramento é um memorial da paixão e da morte de Jesus Cristo, e que, por este meio, os homens partilham os seus frutos e avançam no caminho da salvação. 

Ora, o Santo Rosário, rezado com a meditação dos mistérios sagrados, é um sacrifício de louvores a Deus pelos benefícios do nosso Redentor e uma devota lembrança dos sofrimentos, da morte e da glória de Jesus Cristo. É pois verdade que o Rosário causa glória e alegria acidental a Jesus Cristo, à Santíssima Virgem e a todos os bem-aventurados, porque eles mais não desejam, para nossa felicidade eterna, que ver-nos ocupados com um exercício tão glorioso para o nosso Salvador e tão salutar para nós. 

O Evangelho assegura-nos que um pecador que se converta e faça penitência causa alegria a todos os anjos. Se é suficiente para alegrar os anjos que um pecador deixe os seus pecados e faça penitência, que alegria, que júbilo será para toda a corte celeste, que glória para o próprio Jesus Cristo, ver-nos sobre a terra, meditar devotamente e com amor as Suas humilhações, os Seus tormentos, a sua morte cruel e ignominiosa? Há alguma coisa mais eficaz para nos tocar e levar a uma sincera penitência? 

O cristão que não medita os mistérios do Rosário mostra uma grande ingratidão para com Jesus Cristo e a pouca estima que tem para com tudo o que o divino Salvador sofreu para salvação do mundo. Sua conduta parece dizer que ele ignora a vida de Jesus Cristo, e que põe pouco cuidado em aprender aquilo que Ele fez e o que sofreu para nos salvar. Esse cristão devia temer que, não tendo conhecido Jesus Cristo, ou que tendo-O esquecido, Ele o rejeite no dia do julgamento com esta censura: “Em verdade vos digo: não vos conheço!”(4) 

Meditemos pois sobre a vida e os sofrimentos do Salvador durante o Santo Rosário, aprendamos a conhecer e reconhecer os Seus benefícios, afim de que Deus nos reconheça como Seus filhos e como Seus amigos no dia do julgamento. 

24ª ROSA 
A meditação dos mistérios do Rosário é um grande meio de perfeição 

Os santos tinham como seu principal estudo a vida de Jesus Cristo. Meditavam sobre as Suas virtudes e sobre os Seus sofrimentos, e, por este meio, chegavam à perfeição cristã. São Bernardo começou por este exercício, que continuou sempre. “Desde o princípio da minha conversão, diz ele, fiz um ramo de mirra composto das dores do meu Salvador; e pus esse ramo sobre o meu coração, pensando nas chicotadas, nos espinhos e nos cravos da paixão. Apliquei todo o meu espírito a meditar todos os dias sobre esses mistérios.” 

Este foi também o exercício dos santos mártires; e é espantosa a forma como eles triunfaram dos mais cruéis tormentos. De onde poderia vir aquela admirável constância dos mártires, diz São Bernardo, senão das chagas de Jesus Cristo, sobre as quais eles faziam a sua mais frequente meditação? Onde estava a alma desses generosos atletas, quando seu sangue corria e seus corpos eram triturados pelos suplícios? Suas almas estavam nas chagas de Jesus Cristo e as suas chagas os tornavam invencíveis. 

A Santíssima Mãe do Salvador ocupou unicamente a vida a meditar sobre as virtudes e os sofrimentos do seu Filho. Quando ouviu os anjos cantar no Seu nascimento cânticos de alegria, quando viu os pastores adorando-O no estábulo, seu espírito encheu-se de admiração e meditava todas essas maravilhas. Ela comparava as grandezas do Verbo incarnado com os Seus profundos abatimentos; a palha e o presépio, com Seu trono e com o seio de Seu Pai; o poder de Deus, com a delicadeza de uma criança; a Sua sabedoria, com a Sua simplicidade. 

A Santíssima Virgem disse um dia a Santa Bígida: “Quando eu contemplava a beleza, a modéstia, a sabedoria de meu Filho, a minha alma enchia-se de alegria; e quando considerava as Suas mãos e os Seus pés que pereceriam com cravos, eu vertia uma torrente de lágrimas, e o meu coração partia-se-me de tristeza e de dor.” 

Após a Ascensão de Jesus Cristo, a Santíssima Virgem passou o resto da sua vida a visitar os lugares que o divino Salvador tinha santificado com a Sua presença e com os Seus tormentos. Aí Ela meditava sobre a Sua caridade infinita e sobre os rigores da Sua paixão. Esse era também o exercício continuo de Maria Madalena durante os trinta anos que viveu solitária na santa gruta. Do mesmo modo, São Jerônimo diz que esta era a devoção dos primeiros fiéis; de todos os países do mundo eles visitavam a terra santa para gravar mais profundamente em seus corações o amor e a lembrança do Salvador dos homens, pela vista dos objetos e dos lugares que Ele havia consagrado pela Sua nascença, pelos Seus trabalhos, pelos Seus sofrimentos e pela Sua morte. 

Todos os cristãos têm apenas uma fé, adoram um só Deus, esperam uma mesma felicidade no Céu, e conhecem um único mediador que É Jesus Cristo. Todos devem imitar esse divino modelo, e para isso considerar os mistérios da Sua vida, das Suas virtudes e da Sua glória. É um erro imaginar-se que a meditação das verdades da fé e dos mistérios da vida de Jesus Cristo não compete senão aos padres, aos religiosos e àqueles que se afastaram dos embaraços do mundo. Se os religiosos e os eclesiásticos são obrigados a meditar sobre as grandes verdades da nossa santa religião para responder dignamente à sua vocação, os leigos estão igualmente obrigados, por causa do perigo que correm diariamente de perder-se. Eles devem pois armar-se com a frequente lembrança da vida, das virtudes e dos sofrimentos do Salvador, que estão representados nos quinze mistérios do Santo Rosário. 

25ª ROSA 
Riquezas de santificação encerradas nas orações e meditações do Rosário 

Jamais alguém poderá compreender as riquezas admiráveis de santificação que estão encerradas nas orações e nos mistérios do Santo Rosário. Esta meditação de mistérios da vida e da morte de Nosso Senhor Jesus Cristo é, para todos aqueles que a praticam, a fonte dos frutos mais maravilhosos. Hoje, querem-se coisas que impressionem, que comovam, que produzam na alma impressões profundas. Mas o que há no mundo de mais comovente que a história maravilhosa de nosso Redentor, desenrolando-se em quinze quadros que nos recordam as grandes cenas da vida, da morte e da glória do Salvador do mundo? Que orações são mais excelentes e mais sublimes que a Oração Dominical e a Ave do anjo? Aí se encerram todos os nossos desejos, todas as nossas necessidades. 

A meditação dos mistérios e das orações do Rosário é a mais fácil de todas as orações, porque a diversidade de virtudes e de estados de Jesus Cristo que nela se estudam, recreia e fortifica maravilhosamente o espírito e impede as distracções. Os sábios encontram nas suas fórmulas a doutrina mais profunda, e os pequenos, as instruções mais familiares. 

É preciso passar por esta fácil meditação, antes de ascender ao grau mais sublime de contemplação. Tal é a opinião de São Tomás de Aquino e o conselho que nos dá, quando diz que é preciso exercitarmo-nos antecipadamente, como num campo de batalha, com a aquisição de todas as virtudes das quais temos o modelo perfeito nos mistérios do Rosário. É aí, diz o sábio Caetano, que adquirimos a união íntima com Deus, sem a qual a contemplação não passa de uma ilusão capaz de seduzir as almas. 

Se os falsos iluminados de nossos dias ou os quietistas tivessem seguido este conselho, não teriam tido tão vergonhosas caídas, nem causado tantos escândalos em questões de devoção. É uma estranha ilusão do demônio crer que se possam fazer orações mais sublimes que o Pai-nosso e a Ave-Maria, abandonando estas divinas orações que são o sustento, a força e a guarda da alma. 

Reconheço que não é sempre necessário rezá-las vocalmente e que a oração interior, de certo modo, é mais perfeita que a vocal; mas asseguro-vos que é bastante perigoso, para não dizer pernicioso, abandonar de vontade própria a recitação do Terço ou do Rosário sob o pretexto de uma mais perfeita união a Deus. A alma sutilmente orgulhosa, enganada pelo demônio, faz tudo o que pode interiormente para se elevar ao grau mais sublime das orações dos santos, desprezando e deixando por isso as suas antigas formas de rezar, que são boas para a generalidade das almas. Ela faz-se surda à oração e à saudação de um anjo e mesmo à oração que Deus fez, praticou e aconselhou: Sic orabitis: Pater noster. (5) Chegando a este ponto essa alma mais não faz que tropeçar de ilusão em ilusão e de precipício em precipício. 

Crede em mim, caro confrade do Rosário, se pretendeis chegar a um alto grau de oração, sem a afectação e sem cair nas ilusões do demónio tão frequentes nas pessoas de oração, rezai todos os dias, se puderdes, todo o Rosário ou pelos menos o Terço. 

Chegastes já a esse alto grau de oração pela graça de Deus? Se quereis conservar-vos nele e crescer na humildade, conservai a prática do Santo Rosário, pois jamais uma alma que reze o Rosário todos os dias será formalmente herética ou enganada pelo demónio; e esta é uma afirmação que eu assinaria com meu sangue. 

Se contudo Deus, pela sua infinita misericórdia, vos atrai, no meio do Rosário, tão poderosamente como a alguns santos, deixai-vos arrastar pela sua atração, deixai Deus operar e rezar por vós e recitar o Rosário à Sua maneira, e tal vos bastará por esse dia. 

Mas se estais apenas na contemplação ativa ou oração ordinária de quietude, de presença de Deus e de afeto, tendes ainda menos razão para abandonar o Rosário, e bem longe de recuar na oração e na virtude rezando-o, pelo contrário, ele vos será uma ajuda maravilhosa e a verdadeira escada de Jacob, de quinze degraus, pela qual ireis de virtude em virtude, de luz em luz, e chegareis facilmente, sem enganos, até à plenitude da idade de Jesus Cristo. 

26ª ROSA 

Evitai imitar a obstinação daquela devota de Roma de quem tanto falam as maravilhas do Rosário. Era uma pessoa tão devota e tão fervorosa que confundia com a sua santa vida os religiosos mais austeros da Igreja de Deus. 

Desejando consultar São Domingos e estando-se a confessar com ele, este impôs-lhe como penitência que rezasse apenas um Rosário e como conselho que o rezasse todos os dias; ela porém escusou-se dizendo que tinha os seus exercícios e orações regulares, que trazia cilício, que se mortificava, que fazia muitos jejuns e outras penitências. São Domingos instou-a com maior insistência a seguir o seu conselho, mas ela não o quis fazer; e saiu do confessionário como que escandalizada com o proceder do seu novo director espiritual, que queria persuadi-la a uma devoção que não lhe agradava. 

Mas eis que, estando em oração, foi arrebatada em êxtase e viu sua alma obrigada a comparecer diante do Soberano juiz. Viu então São Miguel aparecer e colocar todas as suas penitências e orações num prato de uma balança e no outro prato todos os seus pecados e imperfeições. O anjo levantou a balança, e o prato das suas boas obras subiu e não conseguiu contrabalançar o prato dos seus pecados e imperfeições. Toda alarmada, ela gritou misericórdia, e dirigiu-se à Santíssima Virgem, sua advogada, a qual deixou cair sobre o prato das suas boas obras apenas o Rosário que ela dissera por penitência, o qual pesava tanto que fez o prato dos seus pecados subir. E de imediato foi repreendida pela Santíssima Virgem por se ter recusado a seguir o conselho de seu servidor Domingos de rezar o Santo Rosário todos os dias. 

Voltando a si, ela foi ter com São Domingos e lançou-se-lhe aos pés, prometendo rezar o Rosário diariamente; e por este meio chegou à perfeição cristã, e à glória eterna. 

Aprendei com estes exemplo, pessoas de oração, a força, o prêmio e a importância da devoção do Santo Rosário com a meditação dos mistérios. 

Ninguém houve mais elevado na oração que Santa Madalena, que era transportada aos Céus pelos anjos sete vezes ao dia, que frequentara a escola de Jesus Cristo e da Sua Santíssima Mãe; contudo, quando pediu um dia a Deus um bom meio para avançar em seu amor e chegar à mais alta perfeição, o arcanjo São Miguel veio da parte de Deus dizer-lhe que não conhecia outro que meditar, por meio de uma cruz que lhe colocou diante da caverna, os mistérios dolorosos que ela tinha presenciado com seus próprios olhos. 

Que o exemplo de São Francisco de Sales, o grande diretor das almas espirituais do seu tempo, vos estimule a ingressar na Santa Confraria do Rosário, pois, apesar de santo, fez votos de rezar o Rosário inteiro todos os dias da sua vida até à hora da morte. 

São Carlos Borromeu também rezava o Rosário todos os dias e recomendava encarecidamente esta devoção aos seus sacerdotes, aos seus seminaristas e a todo o seu povo. 

O Beato Pio V, um dos Papas mais eminentes que governaram a Igreja, rezava todos os dias o Rosário. São Tomás de Vilanova, Arcebispo de Valência, Santo Inácio, São Francisco Xavier, São Francisco de Borja, Santa Teresa, São Filipe de Neri, e muitos outros grandes homens praticaram esta devoção. Segui os seus exemplos, vossos diretores espirituais ficarão bem agradados, e se os informardes dos frutos que podeis retirar dele, eles serão os primeiros a vo-lo aconselhar. 

27ª ROSA 

Para vos animar ainda mais a esta devoção das grandes almas, acrescento que o Rosário rezado com a meditação dos mistérios: 1) eleva-nos gradualmente ao conhecimento perfeito de Jesus Cristo; 2) purifica-nos as almas do pecado; 3) permite-nos vencer todos os inimigos;) facilita-nos a prática das virtudes; 5) abrasa-nos de amor a Jesus Cristo; 6) enriquece-nos de graças e de méritos; 7) proporciona-nos com que pagar nossas dívidas a Deus e aos homens, e por fim, permite-nos receber de Deus toda a espécie de graças. 

O conhecimento de Jesus Cristo é a ciência dos cristãos e a ciência da salvação; ela suplanta, diz São Paulo,(6) todas as ciências humanas em prêmio e em excelência: 1) pela dignidade do seu objecto, que é um Deus homem, em presença do qual todo o universo não é que uma gota de orvalho ou grão de areia; 2) pela sua utilidade, pois que as ciências humanas não nos enchem que de vento e fumaça do orgulho; 3) pela sua necessidade, pois não podemos ser salvos se não tivermos o conhecimento de Jesus Cristo, e aquele que ignora todas as outras ciências será salvo, conquanto esteja iluminado pela ciência de Jesus Cristo. Ditoso Rosário que nos proporciona esta ciência e o conhecimento de Jesus Cristo, fazendo-nos meditar Sua vida, Sua morte e paixão, e Sua glória. 

A Rainha de Saba, admirando a sabedoria de Salomão, exclamou: “Felizes os teus homens, felizes os teus servos que estão sempre contigo e ouvem a tua sabedoria!”; (7) mais ditosos os fiéis que meditam atentamente a vida, as virtudes, os sofrimentos e a glória do Salvador, porque adquirem, por este meio, Seu perfeito conhecimento no qual consiste a vida eterna. Haec est vita aeterna.(8) 

A Santíssima Virgem revelou ao Bem-aventurado Alain que, assim que São Domingos pregou o Rosário, os pecadores endurecidos foram tocados e choraram amargamente todos os seus crimes; mesmos as crianças mais novas fizeram penitências incríveis e o fervor foi tão grande, por todo o lado onde ele pregou o Rosário, que os pecadores mudaram de vida e edificaram todo o mundo com as suas penitências e a sua emenda. 

Se sentis a vossa consciência carregada com algum pecado, pegai no vosso rosário, rezando uma parte em honra de alguns mistérios da vida, da paixão e da glória de Jesus Cristo, e estai persuadidos de que, enquanto meditais e honrais estes mistérios, Ele mostrará Suas chagas sagradas a Seu Pai no Céu, e intercederá por vós obtendo-vos a contrição e o perdão dos pecados. Ele disse um dia ao Bem-aventurado Alain: “Se esses miseráveis pecadores rezassem frequentemente o meu Rosário, participariam dos méritos da minha paixão, e, como seu Advogado, eu apaziguaria a divina justiça.” 

Esta vida é uma guerra e uma tentação contínua; não é contra homens de carne e sangue que temos de lutar, mas contra as forças espirituais do mal. (9) E que melhores armas podemos tomar para combatê-las que a oração que o nosso grande Capitão nos ensinou? Que a Saudação Angélica, que expulsou os demônios, destruiu o pecado e renovou o mundo? Que a meditação da vida e da paixão de Jesus Cristo, que são pensamentos dos quais nos devemos armar, como nos ordena São Pedro, para nos defender dos mesmos inimigos que Ele venceu e que nos atacam todos os dias? “Depois que o demônio, diz o cardeal Hugo, foi vencido pela humildade e pela paixão de Jesus Cristo, não consegue atacar uma alma armada da meditação destes mistérios ou, se ataca, é vencido de maneira vergonhosa.” Induite vos armaturam Dei. (10) 

Armai-vos pois destas armas de Deus, do Santo Rosário, e quebrareis a cabeça do demônio, e habitareis seguros contra todas as tentações. Eis porque o Rosário mesmo material é tão horrível ao diabo, e os santos se serviram dele para encarcerá-lo e expulsá-lo do corpo dos possessos, como muitas histórias dão testemunho. 

Um homem, diz o Bem-aventurado Alain, tendo em vão tentado toda a sorte de práticas de devoção para se livrar do espírito maligno que o possuía, lembrou-se de pôr ao pescoço um rosário, o que o aliviou. E tendo percebido que quando o tirava do pescoço o demônio o atormentava cruelmente, resolveu carregá-lo ao pescoço dia e noite, o que afastou o diabo para sempre, não podendo este suportar uma tão terrível cadeia. O próprio Bem-aventurado Alain assegura que livrou um grande número de possessos pondo-lhes um rosário ao pescoço. 

Ao Padre Jean Amât, da ordem de São Domingos, pregando um dia a Quaresma num lugar do Reino de Aragão, trouxeram-lhe uma jovem possuída pelo demônio. Após tê-la exorcizado várias vezes, em vão, colocou-lhe ao pescoço o seu rosário, e de imediato ela se pôs a gritar com uivos assustadores, dizendo: “Tira-o, tira-me estes grãos que me atormentam!” Por fim o padre, por compaixão para com a pobre jovem, tirou-lhe o rosário do pescoço. 

Na noite seguinte, quando o Padre estava em seu leito a descansar, os mesmos demônios que possuíam a jovem vieram ter com ele, escumando de raiva, para se apoderarem da sua pessoa; mas com o seu rosário que apertava fortemente na mão, malgrado os esforços que os demônios faziam para arrancar-lho, ele combateu-os admiravelmente e pô-los em fuga, dizendo: “Santa Maria, Nossa Senhora do Santo Rosário, ampara-me!” 

Quando na manhã seguinte, indo para a igreja, encontrou a pobre jovem ainda possuída, um dos demônios que estava nela pôs-se a dizer, gozando dele: “Ah, irmão, se não tivesses o teu rosário, nós bem te teríamos possuído.” Então o Padre meteu de novo o rosário no pescoço da jovem e disse: “Pelo santíssimo nome de Jesus e de Maria, Sua santa Mãe, e pela virtude do Santíssimo Rosário, eu comando-vos, espíritos malignos, que saiam desse corpo imediatamente!”; e logo eles tiveram de obedecer, e foi a jovem libertada. 

Estas histórias mostram-nos a força que tem o Santo Rosário para vencer toda a sorte de tentações de demónios e toda a sorte de pecados, porque os grãos benditos do Rosário os metem em fuga. 

28ª ROSA 

Santo Agostinho assegura que não há exercício mais frutuoso e mais útil à salvação que pensar com frequência nos sofrimentos de Nosso Senhor. Santo Alberto Magno, mestre de São Tomás, soube por revelação que a simples lembrança, ou a meditação, da paixão de Jesus Cristo é mais meritória ao cristão que jejuar todas as sextas-feiras durante um ano a pão e água, flagelar-se até ao sangue todas as semanas, ou rezar todos os dias o saltério. Ah, quão grande é pois o mérito do Rosário, que relembra toda a vida e paixão de Nosso Senhor! 

A Santíssima Virgem revelou um dia, ao Bem-aventurado Alain de la Roche, que após o santo sacrifício da Missa, que é a primeira e mais viva memória da paixão de Jesus Cristo, não há devoção mais excelente e mais meritória que o Rosário, que é como uma segunda memória e representação da vida e da paixão de Jesus. 

O Padre Dorland conta que a Santíssima Virgem disse um dia ao venerável Domingos, cartuxo, devoto do Santo Rosário, que residia em Trèves no ano de 1481: “Todas as vezes que um fiel reza o Rosário meditando os mistérios da vida e da paixão de Jesus Cristo, em estado de graça, obtém plena e completa remissão de todos os seus pecados.” 

Ela disse também ao Bem-aventurado Alain: “Sabe que ainda que haja grande quantidade de indulgências concedidas ao meu Rosário, eu juntarei muitas mais por cada cinquentena àqueles que o rezarem sem pecado mortal, de joelhos, devotamente; e a todo aquele que perseverar na devoção do Santo Rosário com estas condições e meditações, eu lhe obterei, como recompensa por esse bom serviço, plena remissão da pena e da culpa de todos os seus pecados no fim da sua vida. 

E que isto não te pareça inacreditável; é-me fácil, pois eu sou a Mãe do Rei dos Céus, que me chama cheia de graça, e, como cheia de graça, farei uma ampla efusão dela sobre os meus queridos filhos.” 

São Domingos estava tão persuadido da eficácia e mérito do Santo Rosário que não dava quase nenhuma outra penitência àqueles que confessava, como vimos na história que contei da devota romana a quem ele deu por penitência apenas um Rosário. 

Os confessores deveriam também, para seguir o exemplo desse grande santo, mandar os penitentes rezar o Rosário, com a reflexão sobre os sagrados mistérios, em detrimento de outras penitências que não são tão merecedoras de mérito, nem tão agradáveis a Deus, nem tão salutares às almas para as fazer avançar na virtude, nem tão eficazes para as impedir de cair no pecado; até porque, rezando o Rosário, se ganham uma quantidade de indulgências que não são concedidas a muitas outras devoções. 

“Sem dúvida, diz o abade Blosius, que o Rosário, com a meditação da vida e da paixão, é muito agradável a Jesus Cristo e à Santíssima Virgem e muito eficaz para obter todas as coisas. Podemos rezá-lo tanto por nós como por aqueles que nos foram confiados ou mesmo por toda a Igreja. Recorramos pois à devoção do Santo Rosário em todas as nossas necessidades, e obteremos infalivelmente o que a Deus pedirmos para nossa salvação.” 

29ª ROSA 

Não há nada mais divino, segundo São Dionísio, nem nada mais nobre, nem mais agradável a Deus, que cooperar na salvação das almas e derrubar as máquinas do demónio que intentam perdê-las. Eis o motivo pelo qual desceu o Filho de Deus à terra. Ele derrubou o império de Satã com a fundação da Igreja; porém esse tirano recuperou as suas forças e exerceu uma cruel violência sobre as almas dos Albigenses, pelos ódios, pelas dissensões e pelos vícios abomináveis que fez reinar em todo o mundo no século XI. 

Qual o remédio para tão grandes desordens? Como derrubar as forças de Satã? A Santíssima Virgem, protetora da Igreja, não deu meio mais eficaz para apaziguar a cólera de Seu Filho, para extirpar a heresia e reformar os costumes dos cristãos, que a confraria do Santo Rosário, como os fatos o demonstram. Reavivou-se a caridade, voltou-se à frequência dos sacramentos dos primeiros séculos de ouro da Igreja, e reformaram-se os costumes dos cristãos. 

O Papa Leão X diz em sua bula que esta confraria foi fundada em honra de Deus e da Santíssima Virgem como um muro para travar as desgraças que se iriam abater sobre a Igreja. 

Gregório XIII diz que o Rosário foi dado pelo Céu como um meio para apaziguar a cólera de Deus e implorar a intercessão da Santíssima Virgem. 

Júlio III diz que o Rosário foi inspirado para nos abrir mais facilmente o Céu, através das mercês da Santíssima Virgem. 

Paulo III e o Bem-aventurado Pio V declararam que o Rosário foi estabelecido e dado aos fiéis para se procurar mais eficazmente o repouso e a consolação espiritual. Quem negligenciará entrar numa confraria instituída para fins tão nobres? 

O Padre Domingos, cartuxo, muito devoto do Rosário, viu um dia o Céu aberto e toda a corte celeste, disposta numa ordem admirável, cantando o Rosário, numa melodia arrebatadora, honrando a cada dezena um mistério da vida, da paixão e da glória de Jesus Cristo e da Santíssima Virgem. E notou que quando pronunciavam o sagrado nome de Maria faziam todos uma inclinação de cabeça, e ao de Jesus, faziam todos uma genuflexão e prestavam graças a Deus pelos grandes bens concedidos ao Céu e à terra pelo Santo Rosário. Ele viu também a Santíssima Virgem e os santos presentear Deus com os Rosários que os confrades rezavam na terra, e rezando por aqueles que praticavam essa devoção. Ele viu ainda inumeráveis coroas, e lindíssimas e olorosas flores, preparadas para aqueles que rezam devotamente o Santo Rosário, os quais por cada vez que o rezam fazem para si uma coroa com que serão adornados no céu. A visão deste devoto cartuxo está em conformidade com a que teve o discípulo bem-amado, na qual viu uma multidão inumerável de anjos e de santos louvando e bendizendo Jesus Cristo por tudo o que fez e sofreu neste mundo para nossa salvação; não é isso que fazem os devotos confrades do Rosário? 

Não há porque pensar que o Rosário é só para mulheres, para crianças e para ignorantes; ele é também para os homens, e para os maiores dos homens. Assim que São Domingos deu conta ao Papa Inocêncio III da ordem que recebeu do Céu de estabelecer esta santa confraria, o Santo Padre aprovou-a, exortou São Domingos a pregá-la e quis associar-se a ela. Os próprios cardeais a abraçaram com grande fervor, o que levou Lopez a dizer: Nullum sexum, nullam aetatem, nullam conditionem ab oratione rosarii subtraxit se. (11) 

Deste modo pode ver-se nesta confraria todo o gênero de pessoas. Duques, príncipes, reis, prelados, cardeais, soberanos pontífices, entre outros, cuja enumeração seria demasiado longa para este pequeno livro. Assim, se ingressardes, caro leitor, nesta confraria, partilharás da sua devoção e das suas graças sobre a terra e da sua glória no Céu. Cum quibus consortium vobis erit devotionis, erit et communio dignitatis. (12) 

30ª ROSA 

Se os privilégios, as graças e as indulgências tornam uma confraria recomendável, pode-se dizer que a do Rosário é a mais recomendável da Igreja, pois é a mais favorecida e rica em indulgências, e não há quase nenhum Papa que após a sua instituição não tenha aberto os tesouros da Igreja para gratificá-la. E como o exemplo persuade melhor que as palavras e os benefícios, os Santos Padres não souberam demonstrar melhor a estima que tinham por esta confraria que associando-se a ela. 

Eis aqui um pequeno resumo das indulgências que os Soberanos Pontífices inteiramente acordaram para a confraria do Santo Rosário, confirmadas de novo pelo nosso Santo Padre o Papa Inocêncio XI em Julho de 1679, recebida e tornada pública pelo Arcebispo de Paris em 25 de Setembro do mesmo ano: 

1) No dia do ingresso na confraria: indulgência plenária; 

2) Na hora da morte: indulgência plenária; 

3) Por cada terço: dez anos e dez quarentenas de indulgências; 

4) Por cada vez que forem pronunciados devotamente os santos nomes de Jesus e de Maria: sete dias de indulgências; 

5) Para aqueles que assistam devotamente à procissão do Santo Rosário: sete anos e sete quarentenas de indulgências; 

6) Àqueles que, verdadeiramente penitentes e confessados, visitarem a capela do Rosário na igreja em que esteja estabelecida, nos primeiros domingos de cada mês e nas festas de Nosso Senhor e da Santíssima Virgem: indulgência plenária; 

7) Aos que assistam à Salve Rainha: cem dias de indulgência; 

8) Aos que devotamente e para dar exemplo carreguem abertamente o Santo Rosário: cem dia de indulgências; 

9) Aos confrades doentes que não possam ir à igreja que, tendo-se confessado e comungado, rezem nesse dia o Santo Rosário ou pelo menos o terço: indulgência plenária no dia marcado para ganhá-la; 

10) Os Santos Padres, por grande bondade para com os confrades do Santo Rosário, deram-lhes a possibilidade de ganhar as indulgências das Estações de Roma, visitando cinco altares e rezando diante de cada um deles cinco vezes o Pai-nosso e a Ave-maria, pela prosperidade da Igreja. Se não houver mais que um ou dois altares dentro dessa igreja rezar-se-ão 25 vezes o Pai-nosso e a Ave-maria diante de um deles. 

Este é um grande favor para os confrades do Santo Rosário, porque nas igrejas das Estações de Roma se podem obter indulgências plenárias, porque liberta as almas do purgatório e concede muitas outras grandes remissões que os confrades podem ganhar sem esforço, sem gastos, sem sair do seu país; e mesmo, se a confraria não está estabelecida no lugar onde habitam os confrades, eles ganham indulgências, visitando cinco altares de outra igreja qualquer, segundo a concessão de Leão X. 

Eis os dias nos quais se podem ganhar indulgências, determinados e fixos, para quem não habita em Roma, por um decreto da Sagrada Congregação de Indulgências, aprovado pelo nosso Santo Padre a 7 de Março de 1678, que ordenou que seja inviolavelmente observado: 

Todos os domingos do Advento; nos três dias de Quatro-têmporas; na vigília de Natal, nas missas da meia-noite, da aurora e do dia; nas festas de Santo Estêvão, de São João Evangelista, e dos Santos Inocentes, da Circuncisão e dos Reis; nos domingos da Septuagésima, Sexagésima, Quinquagésima e, desde a Quarta-feira de Cinzas, todos os dias, até ao Domingo de Ramos inclusivamente; nos três dias das Rogações; no dia da Ascensão; na vigília de Pentecostes, e todos os dias da oitava e os três dias de Quatro-têmporas de Setembro. 

Caro confrade do Rosário, há um grande número de outras indulgências. Se as quiserdes conhecer, podeis ler o sumário das indulgências concedidas aos confrades do Rosário. Aí vereis os nomes dos papas, o ano e muitas outras particularidades que este livro não abrange. 

Notas:

(1) Efésios 5: 1 
(2) Lamentações 1: 12 
(3) Lamentações 3: 19 
(4) Mateus 25: 12 
(5) (Mateus 6, 9) “Eis como deveis rezar: Pai nosso...” 
(6) Filipenses 3: 8 
(7) I Reis 10: 8 
(8) São João 17:3 “A vida eterna consiste em que conheçam a Ti.” 
(9) Efésios 6:12 
(10) Efésios 6: 11 “Revesti-vos da armadura de Deus.” 
(11) "Nem sexo, nem idade, nem condição social são impedimento para se ser devoto do Rosário.” 
(12) "Uma vez que estais unidos com eles na mesma devoção, partilhareis da sua dignidade.”